Thursday, August 31, 2006

final del 26..de Asi es la vida

-Puede ser- dice Jacinto sin dejar de sentir los dedos que acarician la zona entre su ombligo y el comienzo del calzoncillo, que debido a su pito duro no deja que el borde elástico se mantenga adherido a la piel, consintiendo como una entrada que permitiría el acceso a esos dedos juguetones, si quisieran- pero eso seguramente ha cambiado con el acceso casi masivo a la televisión, les debe producir mayor deseo de posesión-.

-Y de insatisfacción- agrega ella, dirigiendo sus dedos hacia sus tetillas, acción que inmediatamente le recuerda a la hermana de Luciana, que también le hacía caricias en el mismo lugar, lo que indefectiblemente le producía una erección. Y al evocarlo, junto con los dedos de Guadalupe, no puede evitar que se le mueva el pito.

-¿Podes seguir conversando?- le pregunta ella maliciosa.

-Por supuesto-.

-¿Y la chica esta fue novia tuya?-.

-No, yo ya estaba casado-.

-Ah, así que te acordaste de dos chicas “ilegales”, ¿será que con las legales no tuviste momentos especiales de placer para acordarte?-.

-Si los tuve, pero seguramente el inconsciente encontró mas similitudes en la situación de hoy, que con mis legales- dijo, dándose cuenta que esta aseveración podría molestarla un poco. Pero por el contrario, ella no pareció molestarse en absoluto, y era evidente que disfrutaba de esta su capacidad de discursar sobre un tema que parecía interesarla genuinamente y mantenerlo eróticamente despierto. Nuevamente acercó sus labios y esta vez los mantuvo sobre los suyos hasta que Jacinto se decidió a abrir la boca, momento en el cual ella se retiró, pero siempre con su mano, su piel, rozándolo sobre el pecho.

-¿Qué te gustaría ser en tu vida?- inquirió repentinamente ella.

-Lo que soy- respondió con voz melosa- un tipo tirado en una playa desierta con un minón infernal que lo acaricia-. Ella se rie brevemente, pero continua impasible:

-digo, si no fueras lo que sos ahora-.

-Escritor, o mejor dicho, me gustaría escribir una novela, que no es lo mismo-.

-¿Por qué una, y no dos, o tres?-.

-Porque por ahora solo pienso en una, imaginate que es como cuando eras pendejo, pensabas en que querías hacer el amor una vez, pensabas en la primera vez, no en que querías ser un cogedor. Después de la primera vez seguramente vendrían otras, pero vos estabas obsesionado con la primera vez. Para mi es mas o menos lo mismo, ahora estoy pensando y escribiendo mi primer novela-.

-Ah, ya empezaste-.

-Si, y seguramente te voy a incluir- le dice mirándola con ojos que no pueden ocultar las ganas que le tiene.

-Una novela de clase media-.

-¿Por qué decís eso?-.

-Porque casi ni existen las novelas escritas por pobres, fijate que la mayor parte tienen como escenario contextos marcadamente de clase media, y las que existen son escritas por tipos de clase media-agrega ya demasiado seria y distraída del efecto que su mano continuaba ocasionándole a él, -¿y de que trata la tuya?-.

-De mí, de un día cualquiera en mi vida, como hoy, por ejemplo, que tal vez no le interese a nadie, pero tengo ganas de escribir. Para sacarme las ganas. Ya sé que no seré un Vargas Llosa o un García Marquez, mi conocimiento del idioma es pobre, pero bueno, lo intento-. Ella se acerca y lo mira directamente a los ojos, enfrentados a los suyos y separados por escasos tres centímetros y comienza a mover su mano en forma casi imperceptible al principio, pero a los pocos segundos el se da cuenta que está descendiendo, sí, inequívocamente, despacio, muy despacio empieza a desandar el camino hacia el ombligo, manteniendo sus ojos verdes fijos en los de él que ya comienza a dejarse llevar por el deseo, por las ganas de que esa mano llegue a destino, ya sobrepasa el ombligo y percibe cuando las puntas de los dedos alcanzan el hueco que hay entre el calzoncillo y su piel y ya casi llega y se detiene, sus ojos verdes casi desaparecen por la sonrisa que se ha dibujado en su cara y escucha que le dice:

-te tengo-. Jacinto muere de ganas de tomarle la mano y conducirla él mismo a destino, pero consigue únicamente tragar saliva y mascullar:

-casi, te faltan unos milímetros-.

Wednesday, August 30, 2006

y sigue todavía el 26 ...

...-Me encantó mirarte- insiste- es siempre una maravilla asistir a ese proceso de crecimiento, me recuerda lo animal que somos, como cuando se abre una flor, o crece la panza de una embarazada, nos hace comunes, como cualquier otro animal del planeta-.

-Además te pasa con cualquiera, no solo con la mujer que amás, el cuerpo responde en forma natural, el deseo es algo animal, al menos el sexual-.

-El hombre es el único que puede controlar el impulso sexual- acota ella.

-Como nosotros ahora-.

-Exacto, podemos conversar, sin que disminuya la energía erótica- agrega, mirando hacia el bulto de Jacinto, que en ese momento lo hace mover bajo el calzoncillo, como si tuviera vida propia, para hacerla reír, y ella ríe.

-¿En que pensabas exactamente cuando se te paró?-.

-Yo creo que esta sola situación ya era motivo suficiente, pero la verdad es que pensaba en los momentos de sensación de placer o bienestar que tuve antes y enseguida me vinieron a la mente otras situaciones con mujeres, aunque ahora me doy cuenta que otros momentos agradables, de sensación de armonía, no tuvieron que ver con mujeres.-

-¿Por ejemplo?-.

-Jugando con mis hijos, o leyendo un libro-.

-Y las mujeres que te acordaste recién, ¿solo tuvieron que ver con el sexo, fueron solo una aventura?-.

-Me acordé de dos, una si y la otra no-.

-Contáme-.

-¿Te interesa como antropólga, o como sexóloga, querés que te cuente tipo relato sexual?-.

-No, tonto, primero que soy arqueóloga, que no es lo mismo, pero contáme de la segunda, ¿porque no fue solo sexual?-.

-Porque existió una comunicación que fue más allá del sexo, me gustó mucho la persona, su forma de ser, de pensar, me sedujo completamente-.

-Pero se inició como una aventura-.

-Y, si, supongo que tiene que ver con la predisposición, unos estamos más abiertos a lo que venga, en cambio existen personas que no dejan abierta ninguna grieta para la tentación-.

-Son más fieles, o no quieren perder o arriesgarse a perder, pero en realidad lo que a mi me interesa, como arqueóloga que estudió antropolgía, es si en realidad todo lo referido a la fidelidad, la sexualidad, la culpa, etc, son básicamente el desarrollo de un tema cultural. ¿Cómo fue en un principio, porque en determinado momento se empieza a controlar a la mujer?. Por ejemplo, en el caso de María Magdalena, fue una manipulación horrorosa de la iglesia para denostar a la mujer, una prostituta, que después se arrepiente y se la perdona, y al final ni siquiera era la que pensaban-. Antes de que Jacinto pueda responder, inesperadamente, Guadalupe se acerca y le da un beso suave sobre los labios, apoyando su mano libre sobre su panza, a la altura del ombligo, muy cerca de la cabeza de su miembro parado oculto bajo el calzoncillo.

-Esto es para que no decaiga el ambiente y demostrar que se puede hablar de cosas serias y mantenerse calientes- le susurra- bueno sigamos- y deja la mano jugando con los pelos que nacen en el ombligo y que van en dirección inequívoca hacia abajo.

-Controlarse es más una capacidad de la clase media y de los ricos que de la baja, es decir es cultural, ¿o no?-.

-Bueno, si, los pobres viven más la espontaneidad porque viven únicamente en el presente, en cambio los ricos y la clase media tienen pasado y piensan en el futuro-.

Tuesday, August 29, 2006

más del 26

....largo tiempo adentro de la conchita calentita, entrar, salir, despacio, rápido, no tan rápido, quedarse quieto, todo esto con caricias, besos, reconociendo la piel, en fin, lo que hace más lindo hacer el amor. Y en esto fue que le hizo vincular a Natalia con Luciana, en como disfrutó hacer el amor con ella, como si se hubieran querido desde siempre, a tal punto que se lo había dicho, “no se porque me dan ganas de decirte que te quiero”, y ella le respondió que tenía las mismas ganas. Se sintió tremendamente enamorado de Natalia, dispuesto a cualquier cosa por ella. Lo primero que decidieron fue marchar al día siguiente a la isla donde sus padres tenían una casa frente al mar. Era el último día de la conferencia así que ni bien finalizó partieron hacia el aeropuerto y abordaron un avioncito hacia la felicidad. La casa en cuestión era la única que colgaba sobre una playita, una pequeña elevación que permitía que desde la misma se tuviera una vista extremadamente bella, arena blanca y mar celeste que se perdía en el horizonte infinito. Se dieron un baño en el mar y después fueron a comer a un restorancito por ahí, saboreando cada instante juntos, riendo como dos chicos, que obviamente no eran. Ella era muy joven, tenía entonces 27 años, era muy, pero muy linda e inteligente. Hablaban de todo un poco, logrando olvidarse por un momento de sus respectivos mundos, solo existía el ahí y el ahora. Levemente borrachos volvieron a la casa e hicieron nuevamente el amor, sin saber si lo volverían a hacer. Recordaba haber dormido mal, porque se tenían que levantar temprano para abordar el único avión que le permitiría tomar su conexión a tiempo. Que locura se había apoderado de él piensa hoy Jacinto, a tal punto que estuvo convencido que debía retenerla para siempre en su vida. Su imagen preferida de aquel breve viaje era de esa mañana, bien temprano, mirando juntos por la ventana ese paisaje de ensueño. El estaba apoyando su desnudez por detrás, en la suya, rodeándola con sus brazos y pensó, lo recordaba nítidamente, “esto es perfecto, quiero retener esta imagen para siempre.” Abrió los ojos y se encontró con la mirada de Guadalupe que apoyada sobre su antebrazo lo observaba, y así se lo hizo saber:

-te estoy mirando-.

Jacinto se dio cuenta enseguida que tenía una erección, causada con toda seguridad por las historias recién evocadas, pero no hizo ningún movimiento para cubrirse, sería tonto esconder algo tan evidente y que ella no podía no haber percibido. Además ella misma acababa de comunicarle que lo estaba observando, lo cual incluía a su miembro, que pujaba por salir de su calzoncillo.

-Hace rato que te miro y veo que estabas soñando con algo lindo- le dice sonriendo con cara de pícara-.

-No estaba durmiendo, me estaba acordando de mi vida-.

-Que vida más divertida que tenés- agrega riéndose.

-Tuvo sus momentos, tiene sus momentos- responde también con picardía y cruzando los brazos por detrás de la cabeza, apoyándola en los mismos. El saber que ella lo estaba mirando lo mantenía excitado y la idea de que ella había presenciado el proceso de erección lo encendía aún más. La situación era muy erótica y animal, él acostado en actitud casi displicente, canchera, exponiendo su miembro erecto, único elemento no pasivo de su cuerpo relajado. Y ella de costado, su cuerpo muy cerca del suyo, tan cerca que la intensidad de la luz solar del mediodía le permitía ver con detalle cada poro, cada marca, cada arruga de sus pezones duros. Sin embargo estaban solo conversando, como si lo evidente pudiera disimularse. No se tocaban, no hacía falta, sobraba energía, estaban disfrutando el juego.

-Estaba mirando al animal- dice ella, -me parece que solo conozco al animal-.

-Y eso somos, animales, distintos, los únicos que nos ponemos colorados-.

(..26 continua mañana)

Monday, August 28, 2006

..y sigue el 26 de Así es la vida....

.....de hotel en ocasión de otro encuentro internacional, él en calzoncillos y ella en camisón, intentando que sucumbiera ante los encantos de su pito erecto encostado contra su traste. La joven había resistido a la tentación, él nunca había pasado por algo semejante, que alguien pudiera contenerse cuando todo estaba listo. Ese hecho siempre lo había dejado pensando, y también contribuido para descubrir la capacidad de las mujeres, en general, de controlar más las situaciones, de ser, como el sostiene, menos animales que los hombres. Y ahora, hoy, tumbado en esta playa con una desconocida, repasaba estos casos en su vida. ¿Porqué? Seguramente porque todos eran recuerdos de eventos placenteros de su ya no tan corta existencia. En el fondo, conjeturó, tenía que ver con la herencia familiar. Pero no la material, sino esas cualidades, o formas de ser, o características del carácter, aficiones , hobbies, en fin, las particularidades que los padres le transmiten a uno. Las pasiones, eso pensó, aunque no tenía bien en claro cual sería la que el podría transmitir a sus hijos, estaba convencido que tanto él como sus hermanos habían recibido, entre otras, un acentuado, un desarrollado apego por el placer. Así como otros reciben de sus padres la inclinación por la música, el teatro, la astrología, el deporte, ellos heredaron la búsqueda del placer. Sus padres eran avezados en el placer. El transcurso de sus vidas estuvo signado por esa búsqueda. No creía que se los pudiera clasificar como hedonistas, no, era distinto y en este momento no lo podría explicar bien. Pero si tenía bien en claro, y era lo que importaba, que no era un legado demasiado útil para sobrevivir en este mundo complejo. ¿No tendría esto que ver con lo que hoy le sucedía con su mujer? Podía ser, merecía un mayor análisis, pero no ahora, no este momento en que quien se entrometía con nitidez en su recuerdo era Nati y lo mejor era dejarse llevar, quien sabe que mensajes debería identificar. Recordó que cuando llegaron a destino comenzaron a gustarse de a poco cada día y fue por eso muy lindo, porque fue sin apuros, como saboreando algo que iba a suceder, cuando tuviera que pasar, tal vez lo más parecido a lo de hoy. Y una noche que la invitó a comer después de la Asamblea le pidió que la acompañara a su casa, la de sus padres, que en ese momento estaba de Embajador en un país europeo. El departamento estaba situado en el barrio más exclusivo de la ciudad y tenía, debe seguir teniendo, una vista envidiable sobre el pacífico. Como era una noche increíblemente estrellada ella le sugirió que se quedasen, pidieran una pizza y un vino blanco y comieran a la luz de la luna. Como resistir, para que resistirse si el destino así lo había dispuesto esa noche, era imposible, podría provocar la ira de algún dios que los estuviera espiando. Y cuando llegó el momento justo, ni antes ni después, le dio un beso. Fue corto y tierno y recordó que ella lo había mirado como preguntándole si debían. Su segundo beso no dejó lugar a dudas y entonces ella lo tomó de la mano y lo llevó a su cuarto, no sin antes en el camino poner boca abajo la foto de su novio, con una sonrisa traviesa. Le dijo que esa noche solo dormirían, que no harían el amor. Y así fue, el desnudo y ella en camisón repitiendo así la escena de aquella otra noche. Jacinto recuerda haber pensado si no sería una costumbre de las locales de esa nación, pero se dio cuenta que no, que con Nati se estaba creando una situación diferente, estaba sintiendo algo distinto, y se durmió sin pedir nada más, dejaría que se entregue cuando ella quisiese, disfrutaría la espera. Y valió la pena. La noche siguiente corrieron hacia su departamento después de una recepción llena de gente donde recuerda bien, solo pensaba, y con que placer, en el momento que intuía llegaría esa misma noche, como efectivamente llegó. Natalia se entregó dulcemente, con mucho amor. Todo lo hacía con suavidad y disfrutó muy especialmente cuando sintió que su mano se deslizaba hacia su pito parado, al que acarició con una ternura infinita. Hicieron el amor largo rato, conteniendo lo más posible la llegada del arrebato final, porque era eso lo que Jacinto más disfrutaba, todo lo anterior, el estar ...(sigue mañana , prometo)

Friday, August 18, 2006

continuación del 26

...circunstancias, casi todas, en que predominó la sensación de bienestar tuvieron que ver con mujeres. Y las de dolor también. Supuso que para todo el mundo sería más o menos lo mismo. Las grandes emociones se las provocaban las mujeres, y el tuvo tres, contándola por supuesto a Maria Julia. Agustina y Luciana se llamaban, y era el fantasma de esta última el que lo hostigó durante un tiempo a él, y más a Maria Julia. Y no hubo muchas más, sí algunas, todas importantes por lo que le dieron y él les dio, aun cuando haya sido el encuentro y la risa de una noche, pero no fueron relevantes, salvo tres, Madi, Natalia y Ana. Se preguntó porque estas se habían destacado por sobre las demás relaciones casuales, cual era el elemento que las diferenciaba, y enseguida las relacionó, asociación libre que le dicen, con las tres mujeres importantes de su vida, como si en estas tres relaciones cortas hubiera sintetizado a las otras tres. Parecía que buscara repetir los estereotipos. Madi, Natalia y Ana muy bien podrían haber sido Agustina, Luciana y Maria Julia, y las tres aparecieron en su vida en una suerte de sucesión, al igual que las otras, aun cuando en circunstancias y entornos totalmente diferentes. Cada una se hizo presente en cada uno de sus destinos. Madi apareció cuando tendría unos casi treinta y calientes años. Como siempre, andaba alerta y dispuesto al encuentro, no buscando, pero si atento al movimiento de una presa apetecible, y Madi, con sus 22 años era una criatura más que comible. Trabajaba como empleada en la camisería de un amigo argentino. En una de sus visitas al negocio le pidió que le mostrara un modelo de camisa cualquiera, elegido al azar, y cuando se lo probaba le anunció, sin medias tintas, que lo que realmente le interesaba era invitarla a almorzar al día siguiente, y ella aceptó inmediatamente. A la hora señalada, como en las películas, la recogió en una esquina cercana y dirigió el coche directamente hacia la zona de albergues transitorios, entrando en el primero que tuvo al alcance. Le explicó, sabiendo que ella sabía que era todo verso, que el hotel era el lugar más adecuado para comer algo tranquilos y poder conocerse más íntimamente. Fue solo después de comer algo y de que Madi teatralizara, sin mucha convicción, una defensa de su honra, lo cual hizo de forma tan femenina y seductora que no hizo más que alimentar sus deseos carnales y prepararlos para el encuentro ya por demás evidente y ansiado, que descubrió en Madi a uno de los cuerpos más perfectos y flexibles que haya conocido en su vida, además de una experimentada y dulce amante, con quien desde entonces compartió inolvidables siestas. ¿Porque la asociación de Madi con Agustina, si no existió el enamoramiento y la pasión adolescente que tuvo con esta última? Por el desenfado y la naturalidad que tenía lo sexual para esta niña, similares a los de Agustina, y con quien, al igual que sucedió con su primer novia importante, aprendió a hacer el amor con mayor desenvoltura. Claro que su interés por Madi fue pura y únicamente carnal, sin promesas ni ilusiones de cualquier tipo, por lo cual un tiempo después ella lo había dejado por un abogado local, italiano, quien perdió la cabeza por ella y, si mal no recordaba, también a su mujer. En cambio Natalia era la hija de una encumbrada figura pública de un país centroamericano, y su romance tuvo la intensidad de un tornado tropical, que pudo hacer estragos pero que finalmente, gracias a la cordura femenina, se pudo evitar que ocasionara destrozos en su matrimonio. Ella había llegado al organismo para colaborar con la misión de su país en la preparación de la Asamblea anual que se iba a realizar en la capital de su ciudad de origen a los pocos días. Siempre estas reuniones, que tienen lugar en alguna de las capitales de los países miembros, resultaban extremadamente divertidas. Los serios y adultos profesionales se convertían en escolares cuando van de camping lejos de la mirada y el control de sus padres. Habían simpatizado enseguida, pero nunca se le había ocurrido que pasaría algo. Es más, en aquel entonces estaba fantaseando con otra colega con la cual había compartido un amanecer en un cuarto ......(sigue en próximo)

Thursday, August 17, 2006

nro 26

Antes de cerrar los ojos mira a Guadalupe un instante, recorriéndola desde la cabeza a los pies y piensa que es un tipo con suerte. Que rara y fascinante puede ser la vida. Misteriosa, eso no hay duda. Nadie ha logrado develar el misterio, ni lo conseguirá, ¿o si?. El fin de la evolución , si es que existe un limite para la evolución, ¿será finalmente el momento de la verdad, cuando todas las piezas encajen correctamente? Había un juego, no recordaba bien cual, que cuando uno insertaba una pieza en el lugar acertado, enseguida desencadenaba el movimiento de otras piezas que automáticamente encontraban su lugar. Desde que el hombre caminaba en cuatro patas hasta hoy la evolución había sido constante, en un crescendo tal que hoy se afirmaba que el hombre duplicaba el conocimiento cada 5 años. Pero la evolución, para Jacinto, no había sido correcta en muchos aspectos, motivo por el cual resultaba difícil discernir que cosas estaban bien y cuales mal. Las religiones por ejemplo, intentaban explicar el sentido de la vida, sobre todo después de la muerte, el gran misterio. Y además separan la vida de la muerte y desconectan todo. Será para entenderlo mejor, pero en realidad hay que buscar las explicaciones en la conexión que existe entre todas las cosas. El error es separar, piensa Jacinto, no darse cuenta que cada pieza es parte de un todo, ni mayor ni menor, porque no sabemos el tamaño del universo ni el límite ni las fronteras del conocimiento. Tal vez ni tenga límite, sino sería como un juego macabro. Ni que hablar del mundo interior, de las almas, que son las que permanecen y se montan en otros cuerpos, otras carcazas, aunque vaya uno a saber si esto también es cierto. Cuando alguna de las partes de ese rompecabezas del mundo esta mal, quiere decir que el mundo, como se lo ve, no esta bien. Por ejemplo el sexo, como se lo concibe hoy en día, seguramente no está bien. A lo largo de los años y gracias a las religiones, se lo ha deformado, desnaturalizado. El sexo y la religión, para la mayoría de las culturas predominantes, van de la mano en la vida de casi todos, y debe ser seguramente porque los dos tienen que ver con el origen, el físico de cada persona, en un caso, y el misterioso del universo, en el otro. Por supuesto que lo de la religión tiene que ver también con la muerte, con lo que pasa después de la muerte, el inbancable pensamiento, seguido de emoción, de que nunca más vas a ver a tus seres queridos. Cuando piensa en estas cosas a Jacinto le urge la necesidad de encontrar la respuesta adecuada, el pensamiento que entienda de que se trata todo. Y últimamente es esta palabra la que para él lo resume bastante bien: TODO. No podemos entender lo singular si no entendemos el todo, y seguramente viceversa, aunque esto todavía no lo tenga tan claro, no lo haya pensado mucho aún. Desde que era niño, con apenas 8 o 9 años, comenzó a intrigarlo el misterio del universo, y su contraparte la ausencia del mismo, o sea la nada. Ese fue siempre para él, junto con la muerte, el gran enigma, el enorme secreto que nos compete develar. Y Jacinto está seguro que las claves están al alcance de la mano y muchas personas, profetas, sabios, o como se los quiera llamar, entendieron de que trata la vida. Siempre hubo existencia, la nada no existió ni nunca existirá. No existe el comienzo ni el fin de los tiempos, ni la ausencia absoluta. Pero que te importa todo esto ahora, seguí disfrutando este momento, el sol calentito, la mina en bolas a tu lado. Como seguirá esta historia. Le da un poco de miedo imaginar como sigue. Le cuesta solo estar, no pensar, es inevitable no pensar. Y no quiere, como lo haría normalmente, imaginar en que si se la va a coger o no, en el siguiente paso que lo conduzca a la meta. Y por eso prefiere que su mente viaje, sobre cualquier tema, porque está decidido a no interferir en lo que pase con Guadalupe, continuar con la improvisación, como hasta ahora, seguir reaccionando a lo que venga de ella. Como el leve contacto de sus pieles, que todo permanezca en estado de placer. Eso, pensar en cosas acordes con la situación. Podrían ser otras ocasiones similares. ¿Las hubo?. Sí, las hubo. Y muchas de las ....(continua en próximo)

Wednesday, August 16, 2006

final del 25...

...estaba perdidamente enamorado. Ya habían explorado los pasos previos de tocarse descaradamente, sobre todo él a ella. Sus tetas ya no guardaban ningún secreto tanto para las manos como los labios de su ex novio, y su mano ya le había tocado la conchita por encima de la bombacha y sus dedos lograron conocer sus pelos, pero nunca los dejó avanzar hasta el final. Ella, por su parte le había manoseado muchas veces el pito por encima del pantalón y hasta lo había tocado levemente una vez que introdujo su mano por la cintura y se sorprendió al encontrárselo casi asomando. Recordaba no haber apartado sus dedos y haberle efectuado unas suaves caricias apenas con las yemas y que cuando su mano lo iba a aferrar el la apartó y le dijo que ya no podía soportar más no hacerle el amor. Eso había sido el día anterior y ahora estaban en el hall de la casa de Javier y mientras la besaba, le sacaba el impermeable que se deslizaba al piso, luego la toma de la mano y la conduce al living donde cruje la chimenea y casi sin dejar de besarse se tumban sobre el sofa y el le quita el sweater y la polera, mientras ella le desabrocha los botones de la camisa y lo ayuda a quitársela. Los dos están solo con los jeans puestos y es Maria Julia quien primero le baja el zip e introduce la mano bajo el calzoncillo y toma por primera vez ese ser duro y caliente y lo aprieta. Javier está con la mirada perdida, con cara de loco, y se aparta para ayudarla a bajarse los pantalones y la bombacha y la mira a los ojos mientras termina la tarea iniciada por ella y finalmente desnudos se recuesta a su lado con esa brasa caliente sobre su muslo y las caricias continúan y el le dice que quiere entrar en ella antes de explotar y ella lo ayuda a colocarse encima y nuevamente toma con su mano el pito hirviendo y lo conduce con certeza a su cueva y el lo introduce con suavidad, cuidando de no hacerle doler y no le duele, está muy mojada y enseguida le viene un cosquilleo de no sabe donde pero que se dirige ahí, a su concha, donde Javier se mueve ahora muy rápido y ella levanta la pelvis y lo abraza y el cosquilleo es cada vez mayor y el se mueve más, más rápido y se tensa cuando a ella el cosquilleo se le hace un torbellino y también se tensa y luego de unos segundos se relajan y el la abraza con muchísima ternura. Se acordó. Por primera vez en muchos años ha conseguido recrear ese momento y le dan ganas de llorar, y llora y la invade la nostalgia y se pregunta porque llora y se da cuenta que es por la ternura, la inmensa ternura del amor que le profesaba Javier.

Tuesday, August 15, 2006

..sigue nro 25 ...de así es la vida

sacó la remera y el corpiño para disfrutar la cabalgata con las pechugas al viento. Tendría 15 años, o 16 al máximo. Y también fueron varias las ocasiones en que se había tocado hasta acabar. No fueron muchísimas las veces, es cierto, y no lo había conversado con ninguna de sus amigas, como sí lo hacían los varones. Después, con sus primeros novios adolescentes, los que precedieron a quien fuera su gran noviazgo y a quien finalmente le entregara su tesoro, nunca dejaba que avanzaran más allá de los besos, especialmente con los primeros. Hubo sí uno al que permitió que le sobara sus tetas y fue tan grande la excitación que la embargó que se asustó e impidió que el pobre tipo avanzara más. Recordaba perfectamente el bulto duro que su brazo había rozado y que otras veces le había sentido cuando bailaban. Tenía entonces una enorme y creciente curiosidad por palpar con su mano esa cosa y supo que el momento se acercaba. Pero quería estar segura, brindarse a alguien a quien estuviera segura de amar. Y la ocasión llegó de la mano de Javier, con jota, como su marido. Estuvo cinco años con él y los recuerdos sexuales con su novio estaban desdibujados por el tiempo y por Jacinto. Tenía que realizar un insistente esfuerzo para recuperar alguna de las oportunidades, como la primera, por ejemplo. Nunca hablaban con Jacinto de sus experiencias previas. ¿Sería bueno hacerlo? Ella no lo soportaría, ¿y el?. Otra vez se distraía, pensó con un dejo de fastidio, pero ahora intentaría evocar esa primera vez con Javier para así recuperarse a si misma, como decía el periodista peruano de la otra noche. Tal vez reincorporando a sus antiguos amores, sacándolos del olvido, lograría ser más completa. Fue en Mar del Plata en la casa de los padres de Javier, ausentes en viaje de una segunda luna de miel. Este detalle no lo olvidaba y le quedó grabado por los comentarios que hicieron ellos sobre la simultaneidad de hacer el amor por primera vez cuando los padres de Javier rememoraban su primera vez, o supuesta primera vez. Cuando esa tarde de lluvia y frío tocó el timbre ya había tomado la decisión y se sentía preparada para dar ese paso trascendental. Porque por más que se dijera que era normal y natural lo que estaba por cometer, todo su mundo y educación familiar neutralizaban cualquier intento de desdramatizar la situación. Pero recordaba muy bien que esta propia circunstancia atizaba aún más su excitación. Y Javier era un buen y dulce compañero para acompañarla en este primer paso. Lo más importante y fundamental es que el la quería con locura. Más que ella a él, reconocía, y esto la tranquilizaba enormemente. Porque la niñas de bien entonces debían evitar la trampa de caer en las garras de algún mentiroso que jurara amor y lo único que quería era meterse entre sus piernas. Según el decir de su madre y de sus amigas de entonces, eso era lo único que buscaban los jóvenes. Las chicas que se entregaban rápidamente eran consideradas fáciles, o putas. Por supuesto que esto, lo de querer meterse adentro de una, era y es generalmente cierto, pero no por ello malo. Además las niñas, desde el lado opuesto, también querían conocer el secreto, también estaban calientes, pero no lo podían admitir. Pero en aquellos días las diferencias eran mayores, los hombres no tenían que esconder su instinto animal y las mujeres si. Se miraron y se sonrieron cómplices. El cerró la puerta y la abrazó desde atrás y ella percibió claramente su excitación contra su cola, inclusive a través del impermeable, lo que le anunciaba que no habría tiempo para muchos prolegómenos, como ella había fantaseado para su primera vez. Ahí mismo la hizo girar y la besó con ternura en la boca mientras sin vergüenza le acercaba su pelvis para que ella sintiera su miembro. Y ella le correspondía también presionando y moviendo la suya. María Julia recordó, que bueno un recuerdo atraía al otro, que en realidad ese día iban a consumar lo que habían preparado con paciencia, sobre todo de Javier, a lo largo de un año de noviazgo. Fue ese aguante, la resignación de Javier de esperar hasta que ella estuviera lista la que la convenció, entre otros argumentos, que Javier .....(continua próximo)

Thursday, August 10, 2006

Nro 25 de la zaga..

Hasta el más distraído no dejaría de advertir algo tan evidente, de reconocer algo tan obvio. Acababa de tener un orgasmo bajo la mirada y el contacto de un extraño. Nunca le había sucedido algo así, ni jamás antes se lo hubiera permitido. Y además, sin penetración ni contacto directo con su clítoris. Salvo en sueños, reales, no como el fingido recién, que vaya a saber si Pancho lo compró, en su vida había terminado de esa forma, casi como fruto exclusivo de su imaginación, de pura excitada que estaba. Se sobresaltó una vez más cuando Pancho le tomó la mano, y se preguntó si ello no la habría delatado, si al estar dormida, como se suponía que estaba, no debía sobresaltarse, y si lo hacía, si no tendría que ir acompañado de un abrupto despertar. Optó por fingir esto último, pero con una variante: abrir y cerrar los ojos nuevamente, como si apenas se hubiera asomado a la realidad para caer nuevamente en las garras de morfeo. Debería considerar hacer algún curso de teatro pensó, teniendo en cuenta que había estado bastante convincente con su performance. Se sentía rara con lo que acababa de pasar, ni culpable ni tampoco satisfecha. Conmovida. El climax experimentado había sido agradable e intenso. Pero juzgaba que había algo de prueba en la experiencia, una necesidad de demostrarse algo, pero sin tener todavía muy claro qué. Revancha, rencor tal vez, por no sentirse retribuida ante tanta entrega de su parte. Seguramente había algo de esto, pero mezclado con otras cosas. Deseo de volver a ser osada, como le reclamaba Jacinto, con nostalgia de la época del noviazgo. Acertaba en esto su marido. Tenía razón cuando afirmaba que una vez iniciada la vida en común, ella había formalizado en demasía la relación. ¿Porqué lo había hecho? ¿Por qué dejó que sus nuevas responsabilidades como madre y ama de casa obnubilaran su capacidad de observación, de análisis, de raciocinio? No se habían hablado las cosas de entrada. Por miedo. Vivía con temor, y el miedo la atontaba y la paralizaba. Pavura a reconocer la verdad. Y lo que les estaba pasando era fruto de la falta de conversar con la verdad en la mano. Era un problema de comunicación. Porque habían evolucionado y logrado muchas cosas, fruto del amor. Pero el fantasma de las cosas no dichas rondaba la casa por todas partes y les impedía ser enteramente libres para gozar lo que tenían. Sobre todo Jacinto, que deambulaba por la vida con sus fantasmas rondándolo, integrados a su ser. Hace poco, recordó, mientras miraban la televisión, un periodista peruano comentaba que todos los amores que una persona ha tenido están siempre presentes, forman parte de uno. Una persona es también sus amores. Ella notó que Jacinto asentía al escuchar esta opinión que, por supuesto, a ella no le agradó nada. Por temor, y bronca a los amores pasados de su marido. No los toleraba, así como también le resultaba asfixiante pensar en la posibilidad de Jacinto con otra. Y el gran error era que su vida girara alrededor de esto como efectivamente sucedía. Constataba que confluían varios elementos para que su marido estuviera cansado, o aburrido. Ahí está, la dijo, la maldita palabra: aburrido. Otro de sus pánicos, que Jacinto se aburriera, con ella y finalmente, de ella. Se aburriera de su carácter posesivo y obsesivo y de su excesivo formalismo, por calificar de alguna manera su conservadorismo a partir del matrimonio. Esto ya lo había reconocido, para si misma, pero ¿sería capaz de modificarlo? Ella no se consideraba ninguna mojigata, pero tampoco era excesivamente liberal en materia de sexo. Pensaba que había tenido una evolución normal. Se había desarrollado casi completamente a los 13 años, a tal punto que le molestaban a esa edad sus tetas grandes, y la persistente mirada de los hombres mayores. En las fiestas con sus pares adolescentes apelaba a la llamada “palanca” para evitar que los jóvenes se acercaran demasiado a sus protuberancias. Y simultáneamente se despertó, como era lógico y natural, su apetito sexual. Ella fue muy consciente de ese florecer y tuvo numerosos episodios en que su curiosidad la llevó a explorar las nuevas sensaciones, como la vez que andando sola a caballo por el campo se .......(continua en prox)

Wednesday, August 09, 2006

Así es la vida ....24

El contacto con el agua fria es maravilloso, todo es maravilloso, la vida así, vivida así vale la pena, el paraíso está en la tierra, de eso no caben dudas, piensa Jacinto.

-Esta buenísima- dice Guadalupe y sus ojos verdes le parecen más verdes ahora que está mojada y el pelo se le ha oscurecido. Todo le parece perfecto. Pocas veces ha experimentado esa sensación, que tiene que ver con reconocer en una vivencia, en un determinado momento y lugar, que se conjugan armoniosamente el entorno con el corazón, produciendo una emoción particular de placer y comprensión. Este preciso instante en el agua era uno de ellos, por su intensidad, sentía mucho físicamente, coincidían el bienestar corporal del contacto con el agua, el sol, el cielo azul, la visión de una mujer muy linda prácticamente desnuda que podía tocar con solo extender la mano, con la incuestionable empatía que se instaló desde el encuentro inicial. Hubo también simpatía entre las almas desde el comienzo. Sincronicidad, como la de ellos nadando en el agua, haciendo la plancha, conversando poco y riéndose mucho, como chicos, se dice normalmente. Seguramente por la inocencia de los mismos, al menos los que la pueden disfrutar, que no son muchos en el mundo, cada vez menos. Las cifras que maneja como experto internacional son escalofriantes, los índices de pobreza, enfermedad, prostitución, trabajo, vejaciones que padece la infancia y juventud en nuestro planeta constituyen una campana que tañe todo el día, pero son pocos los que la escuchan. La gente padece de sordera selectiva, ceguera selectiva. Todo lo selecciona, cuando puede, según su conveniencia. Pero este no es el momento para elucubrar sobre la faceta negra de la existencia. De vez en cuando la vida, como dice Serrat, te regala un día como hoy, o al menos unas horas, se rectifica Jacinto pensando en lo infausto que había sido la mañana hasta que apareciera Guadalupe. Se zambullen y se miran por debajo del agua y acercan sus caras para enfocar mejor, y se rien y le hace gracia como se mueven sus pechos con sus pezones apuntando una vez aquí y otra allá. El algodón mojado ya no logra esconder su contenido y la tela adherida y transparente delinea casi con perfección sus atributos, los de ambos, y la eroticidad se hace presente. Siempre la estuvo, reflexiona instintivamente Jacinto. En la comunión entre dos seres, no queda ausente la sensualidad, ni siquiera esta latente, se muestra y evoluciona naturalmente.

-Salgamos un rato- invita Guadalupe, con piel de gallina, como él, en todo el cuerpo. Ya se han visto, ya no se tienen vergüenza cuando salen del agua y la revelación de los paños húmedos es mayor, sin la barrera turbia del agua. Por el contrario, les provoca risa y complicidad, y cada minuto que transcurre, mayor intimidad. Caminan hacia donde tiraron la ropa y se echan sobre la arena seca y caliente, de espaldas, uno al lado del otro, con la piel de los brazos y los dedos meñiques rozándose. Por primera vez sus cuerpos se tocan. Salvo los personajes del lejano chiringo, porque todo parece cada vez más distante a medida que asciende el sol, tienen la sensación de encontrarse solos, dos puntitos echados en medio de la nada, solos y muy juntos.

Monday, August 07, 2006

Nro 23....

Le sonó real, tanto que Maria Julia dudó por un segundo si no estaría realmente durmiendo. Y hacerse la dormida la tranquilizó, le dio la valentía para continuar con lo que estaba haciendo, o, se autodisculpó, lo que lé estaban haciendo. Porque ella no se movía, inerte sobre la camilla, su cuerpo, al igual que su mente, hoy eran incontrolables. Se había excitado sin proponérselo y ahora yacía fingiéndose dormida y experimentando claramente que le estaba subiendo, todavía en los primeros amagos, pero explícitamente identificado sus códigos, un orgasmo. Las manos de Pancho permanecían en la zona de peligro, bajando hacia la rodilla y retrocediendo nuevamente hasta el límite, pero tan cerca que María Julia casi quería que se excediese, que se equivocase, y aunque fuese por un instante, la rozara, ahí. Todavía estaba a tiempo de “despertarse” y simular que se había olvidado algo, o darse vuelta fingiendo que Pancho se lo había pedido. Pero el tiempo se agotaba y estas eran decisiones a tomar ya. Y repentinamente la mano caliente no la siente más y un movimiento de sabanas le permite el regreso, una tregua, piensa mientras se sobresalta otra vez cuando le toman nuevamente de un dedo del pié, del otro. Emite otro sonido nasal, asombrada por sus dotes artísticas, que espera sean creíbles. Instalada la pausa tiene algunos minutos más para reflexionar. Pero ¿cuántos?. En la situación en que se encuentra, porque claramente el avance hacia el placer último ha menguado, pero no así la excitación, que no sucumbe, todo lo contrario, el tiempo en que su mente permanecerá despejada es escaso. Se me olvidó que tenía dentista, oculista, ginecólogo, terapia, y la mano que suavemente acaricia sus dedos, uno por uno, y podría sonar el teléfono, y si suena el teléfono me tengo que despertar, o la mucama me tiene que avisar, y ahora es la planta del pie la que absorbe el calor. Ya está, decide dejarlo librado al azar, si suena el teléfono interrumpe el proceso. Desea que suene, y también que no, ya se acaba el tiempo, como en los lanzamientos a la luna, comenzó el descuento, las manos que sobrepasan el tobillo y trepan hacia la rodilla, y devuelta tragar saliva, y todavía no pasó la rodilla y la pierna que se mueve, sí se movió, no cabe duda, y mejor hago otro ruidito de dormida piensa, y esto es tremendo, imposible parar, auxilio, y otra vez acomoda la sabana entre la pierna y ahora si la presión contra su vulva es un poco más intensa, ¿voluntaria?, no cree, no le importa, mueve la cabeza, le duelen los pezones, no le puede estar pasando esto, el corazón, ahora faltaba solo esto, corazón que martilla enloquecido, ¿se estará moviendo la sabana?, y llega la recta final, un cosquilleo que avanza con esa mano que ya sube, sube hasta ahí, que ganas de agarrarla y conducirla, y parece que la rozó, está casi segura, no puede parar y el ruido que se escucha ya no es de dormida, fue un gemido y las piernas se mueven, las dos, y su cuerpo se tensa, y el placer llega y la invade durante uno, dos, varios segundos, hasta que se relaja y se queda inmóvil, serena.

Thursday, August 03, 2006

22 de así es la vida

Que rara es la vida, que mensajes extraños te manda, obligándote, exponiéndote a situaciones extremas, contrapuestas, por un lado lo cotidiano y por el otro lo fuera de lo común, lo que sería de no existir lo que es. Y si uno tuviera como cotidiano lo que ahora es el otro extremo, lo cotidiano sería lo totalmente opuesto, y por ello, tal vez lo deseado. Que complicada la existencia de cada uno pensaba Jacinto. Nunca se le habría cruzado por la cabeza después de tan siniestro despertar que tan solo dos horas y pico después se estaría sintiendo tan bien, tan en otra, y tan relajado en esta otra situación, importándole un bledo lo que sucedería el minuto después. Estaba disfrutando el instante, gozando con cada segundo del ahora, porque estaba en lo mejor de una incipiente relación, cualquiera fuera su duración: la seducción. Y lo que acrecentaba el placer de este momento afortunado era la naturalidad de todo, la armonía en que transcurría cada segundo, como si hubiese sido planeado por un director de teatro y todo estuviese saliendo a la perfección. El timing de los actores en sus apariciones fue exquisito, los dialogos justos, siempre rondando lo circunstancial con amagues de profundidad no exentos de ironía, la coreografía excedía lo imaginado, si hubiera podido imaginarse, y la música compuesta por los mejores intérpretes: los pájaros, el mar, el viento. Y todo resultaba creíble porque parecía improvisado. Es improvisado, boludo, te fuiste de mambo sonrió para si mismo Jacinto.

-El que se ríe solo, de sus pecados se acuerda-.

Le encantó sobresaltarse con el descubrimiento de que ella lo estaba observando.

-No existe el pecado, solo la maldad-.

-¿Y estabas pensando en algo malo, entonces?-.

-Uno no se ríe cuando piensa en algo malo, ¿o si?-.

-Si, los malos si, porque no se saben malos, ¿o si?- retrucó Guadalupe.

Se sacó la camisa que ya se le pegaba en la espalda y la tiró sobre la arena.

-Está para bañarse-.

-Pues entonces al agua- lo invitó imitando la tonada de Sandra. Se puso de pie y lo miró confiada, serena, inocente.

Sorbió lo que restaba del trago y la siguió, mirando de reojo a los surfistas. Sandra continuaba bañándose al sol y le acariciaba los pelos del ombligo a Antonio, quien se había echado a su lado. Esta vez se quedó un poco detrás de ella, cediéndole la iniciativa, no por temor a dar algún paso en falso, sino porque quería dejarse llevar por los acontecimientos, ser el actor de reparto que reacciona ante las entradas de su partenaire. Todo acaecía porque sí, impremeditado, distinto a los juegos de seducción propuestos, donde él con toda intencionalidad se predisponía al juego de cautivar a la otra. Hoy todo ocurría con autenticidad reflexionó mientras sentía el calor de la arena quemándole la planta de los pies. A escasos dos metros de la orilla Guadalupe se detuvo y dijo, mirando primero hacia el mar y después directamente a sus ojos:-me da un poco de vergüenza-. Jacinto percibió que era sincera, todo en ella era sincero, lo opuesto a él, pensó. Pero enseguida se dio cuenta que no era verdad, no era lo opuesto, nada habían dicho, nada los comprometía salvo la sana idea de darse un chapuzón en el mar un día de sol espectacular. Como de costumbre era la culpa el eterno origen de pensamientos de ese tipo.

-A mi también- y no mentía. Guadalupe se quitó la remera al mismo tiempo que él se quitaba los pantalones y se quedaba de pie en calzoncillos, esperando el próximo movimiento de la chica, quien ya se deslizaba fuera de sus enormes calzas descubriendo lo que Jacinto ya sabía: un cuerpo realmente bonito y sensual. Como se describen en las novelas, solo que real, con todas las letras del argentino puro: un par de tetas firmes con aureolas y pezón rosadas, del mismo color que los labios. Culo redondito y parado que al moverse no lograba esconder un poquito de celulitis, casi imperceptible, pero que la hacían más humana. Ahí estaban los dos parados, él en su boxer blanco de algodón, de esos apretados, y ella en bombachita, también de algodón blanco. Le encantó comprobar que todavía se le notaban las marcas de un eventual corpiño, usado para tomar sol, pero que no disimulaba que sus pechos habían estados alguna vez expuestos al sol, probablemente en los últimos días.

-No voy a disimular que te estoy mirando- comentó en un arrebato de sinceridad,-y sos realmente linda- y luego de unos segundos de hesitación agregó: - te felicito-. Guadalupe largó una carcajada y repitió –te felicito-. El se había arrepentido enseguida de la boludez que dijo, pero le salió así y se rió también.

-Vamos- gritaron los dos y corrieron hacia el agua y se zambulleron, juntos, a la par.

Wednesday, August 02, 2006

Asi es la vida....21

Pobre Jacinto, no debe estar pasando un buen día pensó María Julia, visualizándolo en su escritorio, con la mirada perdida sin poder concentrarse en su trabajo. Estaría, como ella, dándole vueltas a esta maldita situación en la que se habían metido. Porque algo en claro ya tenía, que ella era tan responsable como él en este asunto. O tal vez más, porque ella insistía en actitudes de celo y posesión que empeoraban las cosas, pero no lo podía evitar. Se prometía a ella misma no continuar con ese comportamiento, pero nada, era compulsiva y obsesiva. Y culpa de eso tampoco disfrutaba lo que la vida le ofrecía. Como ahora, este preciso momento en que la mano de Pancho le masajeaba la pierna desde el tobillo hacia la rodilla, ¿podría ella entregarse totalmente a este placer físico, prescindir de sus pensamientos por un rato y dejarse llevar únicamente por la sensación de esa mano, esa piel que acariciaba su piel.? Podría intentarlo. Porque no. Si de algo estaba segura era que su marido no le escaparía a la cálida mano de una masajista dirigiéndose hacia su miembro. El miembro de Jacinto, se le instaló en la cabeza y la mano de Pancho era la suya que se dirigía no hacia su cuevita, sino hacia la intimidad de Jacinto. Y ahora era la mano de Jacinto la que avanzaba, desparramando calor, como la plancha cuando se deslizaba por la trama del pantalón, y ahora sobrepasaba la rodilla, y Pancho, no Jacinto, acomoda la sabana entre sus piernas y le parece que, siente que, el cuidado con que maniobra el género, para mantener cubierta la otra pierna, y evitar que queden expuestos su labios ocultos, solo logra aumentar la conciencia de esa zona, todo confluye hacia esa lugar oscuro, de pelos oscuros y carnes rosadas y nada le importa. Se percibe excitada, sus pezones son dos durezas que duelen, pero resiste, no quiere entregarse a esta persona desconocida que tiene sus dedos a escasos centímetros, uno, menos de uno, de su concha, que tal vez está pensando en cualquier cosa, ajena al torbellino que esta provocando. Y la pierna se le mueve, imperceptiblemente, espera, porque esa es la señal, inequívoca de lo que le pide el cuerpo cuando está clara la intención. Jacinto se lo hizo notar más de una vez. Estaba lista, otorgaba el permiso para que se prosiguiera hasta el final cuando su pierna se movía sola, casi un reflejo que solo advertía alguien que estuviera en la misma sintonía, alguien que estuviera compartiendo el juego amoroso. ¿Qué hacer? Estaba caliente, excitadísima bajo el toqueteo de otro hombre que no tenía la menor idea de lo que estaba pensando, sintiendo, y además no sabía bien que quería ella. No decidir nada, eso quería, que por una vez la situación no buscada se impusiera, que ella no tratara de controlarla, que la situación la encontrara a ella así no tendría culpa. Solo se estaba dando un masaje y se excitó, nada más, y la otra pierna también se movió algo, o fue solo su imaginación , pero no pudo evitar tragar saliva y ese sí era un mojón más que anunciaba el camino correcto, que indicaba a los amantes que se estaba procediendo adecuadamente. Pero María Julia no tenía amantes, pensó en tercera persona, como los futbolistas, estaba dormida, así que todo era un sueño y en los sueños todo esta permitido. Se haría la dormida. Y sin querer, queriendo, como decía un cómico en la televisión, se le escapó un pequeño ronquido.

Tuesday, August 01, 2006

....continua el 20....

......su estado de ánimo.

-Que bueno, que sean dos, con mucho hielo por favor- añadió Guadalupe, regalándole al barman surfista una sonrisa que le pareció a Jacinto que tenía algo de infantil.

-Hola- dijo una voz que no era de allí, no era autóctona.

-Hola- contestaron al unísono.

-¿Cómo está el agua, está muy fría?- inquirió Guadalupe con auténtico interés.

-Pues más o menos, al principio un poquito, pero enseguida te acostumbras, y te olvidas, ¿verdad Antonio?- y estalló en una carcajada que al tal Antonio lo puso un poquito vergonzoso, o al menos así le pareció a Jacinto, que padecía el mal hábito de ponerse en el lugar del otro. La voz de la muchacha delató sin lugar a dudas su extranjería, y el origen de su aprendizaje en la madre patria. En Ibiza pensó Jacinto. Seguramente les importaba un bledo si los habían visto. Ella tenía un cuerpito realmente precioso, dorado por el sol, un poquito más clara la pelumbre que él, pero bien podrían pasar por hermanos, hasta casi gemelos, conjeturó Jacinto.

-¿Querés tomar algo?- dijo, obligándose a dejar de mirarla.

-Ya pedí un gin tonic- sonrió Guadalupe, a propósito para ponerlo incómodo, como recriminándole que la chica lo descontrolara.

-Quiero decir comer- añadió con cierto desasosisego, pero consciente de la total falta de maldad de ella, solo estaba jugando.

-El instinto animal- continuó divirtiéndose Guadalupe –empaña más el razonamiento de los hombres que de las mujeres-.

-Ese es un comentario feminista y discriminatorio-.

-Si, pero es la realidad- afirmó, y el notó el brillo del sudor en su frente.

-Yo creo que en un comienzo los dos eran muy animales, igualmente feroces, y por algún motivo, que estoy estudiando, la mujer se controló o fue obligada a controlar más sus instintos- explicaba Jacinto mientras ella lo miraba sin saber si era el comienzo de una conversación seria, como decidiendo frente a dos opciones, seguir con la chacota, o responder en serio.

-¿Lo estas estudiando?, ¿dónde?-.

-Aquí, en la playa- se rió francamente Jacinto, perdiendo ya la cuenta de sus risas del día- no, en serio, ambos, mujeres y hombres han perdido mucho de su instinto, y por alguna razón, a la mujer se le ha pedido que se controle más-.

-Justamente porque se descubrió que era más animal que el hombre- continuó ella al tiempo que su amplia sonrisa le entrecerraba sus ojos.

-Aquí tienen, y mi nombre es Sandra- les dijo mientras depositaba los vasos de trago largo en una mesita que acomodó entre ambos.

-¿De donde eres?- peguntó Guadalupe copiando sin querer la forma castiza de construir la oración.

-From Australia, Sydney- devolvió en ingles, -asique me podeis llamar Sandra con acento español o en inglés- añadió divertida. –Habeis decidido si van a comer algo-continuó empezando a mezclar el español local-, podemos prepararos un rico sándwich, algunos quesitos o algún pescadito con ensalada- .

-Yo por ahora no quiero nada, gracias- intervino primera Guadalupe, -tal vez más tarde-.

-Está muy rico, ¿lo preparaste vos?- interrogó Jacinto.

-Si, yo preparo los tragos y Antonio cocina, invertimos los roles-.

-No creas, al menos no el de cocinar, ahora esta lleno de chefs varones. Sí es más raro una mujer barman, o debería ser barwomen- comentó Jacinto justo cuando llegaba Antonio y tomaba de la mano a Sandra.

-Cualquier cosa nos llaman- y sin más se alejaron hacia unas tablas de surf que estaban al costado del chiringo. Antonio se entretuvo limpiándolas, mientras Sandra se acostó de espaldas sobre una toalla. Al segundo se quitó el corpiño del bikini dejando al descubierto un lindo par de pechos que, por su color, confirmaban que hace rato estaban acostumbrados a ser adorados por el sol.