Asi es la vida....21
Pobre Jacinto, no debe estar pasando un buen día pensó María Julia, visualizándolo en su escritorio, con la mirada perdida sin poder concentrarse en su trabajo. Estaría, como ella, dándole vueltas a esta maldita situación en la que se habían metido. Porque algo en claro ya tenía, que ella era tan responsable como él en este asunto. O tal vez más, porque ella insistía en actitudes de celo y posesión que empeoraban las cosas, pero no lo podía evitar. Se prometía a ella misma no continuar con ese comportamiento, pero nada, era compulsiva y obsesiva. Y culpa de eso tampoco disfrutaba lo que la vida le ofrecía. Como ahora, este preciso momento en que la mano de Pancho le masajeaba la pierna desde el tobillo hacia la rodilla, ¿podría ella entregarse totalmente a este placer físico, prescindir de sus pensamientos por un rato y dejarse llevar únicamente por la sensación de esa mano, esa piel que acariciaba su piel.? Podría intentarlo. Porque no. Si de algo estaba segura era que su marido no le escaparía a la cálida mano de una masajista dirigiéndose hacia su miembro. El miembro de Jacinto, se le instaló en la cabeza y la mano de Pancho era la suya que se dirigía no hacia su cuevita, sino hacia la intimidad de Jacinto. Y ahora era la mano de Jacinto la que avanzaba, desparramando calor, como la plancha cuando se deslizaba por la trama del pantalón, y ahora sobrepasaba la rodilla, y Pancho, no Jacinto, acomoda la sabana entre sus piernas y le parece que, siente que, el cuidado con que maniobra el género, para mantener cubierta la otra pierna, y evitar que queden expuestos su labios ocultos, solo logra aumentar la conciencia de esa zona, todo confluye hacia esa lugar oscuro, de pelos oscuros y carnes rosadas y nada le importa. Se percibe excitada, sus pezones son dos durezas que duelen, pero resiste, no quiere entregarse a esta persona desconocida que tiene sus dedos a escasos centímetros, uno, menos de uno, de su concha, que tal vez está pensando en cualquier cosa, ajena al torbellino que esta provocando. Y la pierna se le mueve, imperceptiblemente, espera, porque esa es la señal, inequívoca de lo que le pide el cuerpo cuando está clara la intención. Jacinto se lo hizo notar más de una vez. Estaba lista, otorgaba el permiso para que se prosiguiera hasta el final cuando su pierna se movía sola, casi un reflejo que solo advertía alguien que estuviera en la misma sintonía, alguien que estuviera compartiendo el juego amoroso. ¿Qué hacer? Estaba caliente, excitadísima bajo el toqueteo de otro hombre que no tenía la menor idea de lo que estaba pensando, sintiendo, y además no sabía bien que quería ella. No decidir nada, eso quería, que por una vez la situación no buscada se impusiera, que ella no tratara de controlarla, que la situación la encontrara a ella así no tendría culpa. Solo se estaba dando un masaje y se excitó, nada más, y la otra pierna también se movió algo, o fue solo su imaginación , pero no pudo evitar tragar saliva y ese sí era un mojón más que anunciaba el camino correcto, que indicaba a los amantes que se estaba procediendo adecuadamente. Pero María Julia no tenía amantes, pensó en tercera persona, como los futbolistas, estaba dormida, así que todo era un sueño y en los sueños todo esta permitido. Se haría la dormida. Y sin querer, queriendo, como decía un cómico en la televisión, se le escapó un pequeño ronquido.

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