....continua el 20....
-Que bueno, que sean dos, con mucho hielo por favor- añadió Guadalupe, regalándole al barman surfista una sonrisa que le pareció a Jacinto que tenía algo de infantil.
-Hola- dijo una voz que no era de allí, no era autóctona.
-Hola- contestaron al unísono.
-¿Cómo está el agua, está muy fría?- inquirió Guadalupe con auténtico interés.
-Pues más o menos, al principio un poquito, pero enseguida te acostumbras, y te olvidas, ¿verdad Antonio?- y estalló en una carcajada que al tal Antonio lo puso un poquito vergonzoso, o al menos así le pareció a Jacinto, que padecía el mal hábito de ponerse en el lugar del otro. La voz de la muchacha delató sin lugar a dudas su extranjería, y el origen de su aprendizaje en la madre patria. En Ibiza pensó Jacinto. Seguramente les importaba un bledo si los habían visto. Ella tenía un cuerpito realmente precioso, dorado por el sol, un poquito más clara la pelumbre que él, pero bien podrían pasar por hermanos, hasta casi gemelos, conjeturó Jacinto.
-¿Querés tomar algo?- dijo, obligándose a dejar de mirarla.
-Ya pedí un gin tonic- sonrió Guadalupe, a propósito para ponerlo incómodo, como recriminándole que la chica lo descontrolara.
-Quiero decir comer- añadió con cierto desasosisego, pero consciente de la total falta de maldad de ella, solo estaba jugando.
-El instinto animal- continuó divirtiéndose Guadalupe –empaña más el razonamiento de los hombres que de las mujeres-.
-Ese es un comentario feminista y discriminatorio-.
-Si, pero es la realidad- afirmó, y el notó el brillo del sudor en su frente.
-Yo creo que en un comienzo los dos eran muy animales, igualmente feroces, y por algún motivo, que estoy estudiando, la mujer se controló o fue obligada a controlar más sus instintos- explicaba Jacinto mientras ella lo miraba sin saber si era el comienzo de una conversación seria, como decidiendo frente a dos opciones, seguir con la chacota, o responder en serio.
-¿Lo estas estudiando?, ¿dónde?-.
-Aquí, en la playa- se rió francamente Jacinto, perdiendo ya la cuenta de sus risas del día- no, en serio, ambos, mujeres y hombres han perdido mucho de su instinto, y por alguna razón, a la mujer se le ha pedido que se controle más-.
-Justamente porque se descubrió que era más animal que el hombre- continuó ella al tiempo que su amplia sonrisa le entrecerraba sus ojos.
-Aquí tienen, y mi nombre es Sandra- les dijo mientras depositaba los vasos de trago largo en una mesita que acomodó entre ambos.
-¿De donde eres?- peguntó Guadalupe copiando sin querer la forma castiza de construir la oración.
-From Australia, Sydney- devolvió en ingles, -asique me podeis llamar Sandra con acento español o en inglés- añadió divertida. –Habeis decidido si van a comer algo-continuó empezando a mezclar el español local-, podemos prepararos un rico sándwich, algunos quesitos o algún pescadito con ensalada- .
-Yo por ahora no quiero nada, gracias- intervino primera Guadalupe, -tal vez más tarde-.
-Está muy rico, ¿lo preparaste vos?- interrogó Jacinto.
-Si, yo preparo los tragos y Antonio cocina, invertimos los roles-.
-No creas, al menos no el de cocinar, ahora esta lleno de chefs varones. Sí es más raro una mujer barman, o debería ser barwomen- comentó Jacinto justo cuando llegaba Antonio y tomaba de la mano a Sandra.
-Cualquier cosa nos llaman- y sin más se alejaron hacia unas tablas de surf que estaban al costado del chiringo. Antonio se entretuvo limpiándolas, mientras Sandra se acostó de espaldas sobre una toalla. Al segundo se quitó el corpiño del bikini dejando al descubierto un lindo par de pechos que, por su color, confirmaban que hace rato estaban acostumbrados a ser adorados por el sol.

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