y va el 17.....
-Señora, Señora- decía una voz lejana, pero familiar, seguida por unos golpes que la trajeron nuevamente al mundo. Se había quedado dormida y la voz conocida era la de Filomena, que entreabrió la puerta justo cuando María le decía que pasara. Deseó que este fuera su primer despertar del día y todo lo vivido hasta entonces fuese un mal sueño, pero supo enseguida que no era así, que lo poco que había pasado hasta ese momento, solo dos horas desde el fatídico encuentro de miradas, era real.
-Llegó Pancho y está esperando abajo, ¿qué le digo?- anunció la empleada intuyendo que ese no era un buen día para la patrona.
-Decile que espere unos minutos- consiguiendo así rechazar su primer instinto de cancelar su sesión de masajes, pero su instinto la llevó a pronunciarse a favor de otorgarse un placer, porque entregarse a las manos de ese muchacho siempre le hacía bien, y hoy hasta le podría ayudar a meditar sobre esta situación tan extraña en que se encontraba. Se le había pasado por completo que hoy venía Pancho. Sería su tercera sesión con este joven que dos meses atrás le recomendara su amiga Florencia, y recordó que en un primer momento había dudado en aceptar someterse al manipuleo de manos masculinas, siempre sus masajistas habían sido mujeres. Pero era tan fuerte el dolor en la espalda en aquel entonces que resolvió aceptar, y no se arrepintió, porque Pancho tenía, además de un buena técnica, una onda muy especial. Emanaban de él vibraciones muy positivas que lo dejaban a una en un estado de relajación y total armonía. Mezclaba a los masajes y elongaciones propiamente dichos, el sonido de diversos instrumentos musicales, como el triangulo, tamborcitos, etc, que hacía sonar siguiendo el contorno del cuerpo en una suerte de composición difícil de caracterizar musicalmente, pero que definitivamente penetraban en el alma y eran el escalón previo ideal para el reiki con que finalizaba la sesión. Pancho traía su propia camilla y el la esperaba afuera mientras ella se acomodaba debajo de las sabanas, siempre en corpiño y bombacha. Pero hoy al retirarse Filomena del cuarto había cubierto únicamente con la bata su cuerpo desnudo y cuando el salió para que ella se acomodase bajo la sabana, sin pensarlo dos veces se acostó sin colocarse las prendas íntimas. No supo bien porque, pero en su fuero íntimo le sonó como una pequeña venganza hacia Jacinto, quien le había confesado que casi siempre al darse masajes también lo hacía en pelotas, pero siempre bajo sabanas. Bueno, Maria resolvió que haría lo mismo, aun cuando antes no lo había hecho porque realmente no se sentía cómoda, aun cuando oculta bajo sabanas, le producía bastante vergüenza. Pero hoy era un día raro, un día para transgredir las costumbres, o más bien permitirse o atreverse a algo distinto. Tal vez era su convencionalismo lo que impedía que Jacinto se decidiera a penetrar realmente en su amor, que le aburriera su previsibilidad. Aunque esta última, saber como era ella, que no escondiera nada, que fuera totalmente predecible le daba a él seguridad, confianza en su amor, confianza no retribuida. Así que hoy experimentaría con ella misma.
– Ya podés pasar- dijo mientras percibía claramente que sus pezones se erizaban.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home