Monday, July 03, 2006

sigue el 11

...Jacinto lo habían dejado. Y lo habían abandonado con un embrujo del cual no podía salir, según creía ella. La otra distinción entre ambos tenía que ver con el grado de conocimiento interior alcanzado por cada uno, el grado de conexión con el sentido de la vida, con los deseos auténticos de las personas. En ese sentido ella era más profunda y estaba conectada con su esencia más intuitiva. En cambio, la intuición de Jacinto, que por cierto la tenía, y que él consideraba el motivo por el cual continuó avanzando protegiendo su matrimonio, era inconsciente, él no se sabía dueño de esa cualidad, de esa capacidad, que ella percibía y trataba de dirigir. En realidad solo la percibía en lo referente a su vida profesional, en la que claramente había seguido sus instintos y estos resultaron correctos, lo condujeron, al menos hasta ahora, a lo largo de una carrera exitosa desde todo punto de vista. Tan era así que Jacinto mismo se asombraba por el positivo devenir que tuvo la misma, como si él hubiera sido ajeno a esos logros. Y, en adición, como si fuera poco, como dicen los vendedores en los colectivos, era un excelente padre, amoroso y dedicado con sus hijos, y se notaba la alegría que le provocaban, los amaba compulsivamente. Todo parecía estar bien salvo esa inseguridad permanente que ella sentía, como si esperase de un momento a otro la falluteada, originada en ese constante mirar hacia atrás de Jacinto, como si se hubiera olvidado algo en el pasado que añorase y cuya falta fuera culpa suya. Todas estas eran sensaciones de las cuales ellos no hablaban, pero estaban ahí, como al acecho, asomando y tomando forma en todas las mujeres que entraban en la órbita de acción de Jacinto. María sabía que no podía bajar nunca la guardia hasta que él no se diese cuenta, solo entonces, esperaba, descansaría tranquila, al menos eso creía.

1 Comments:

Blogger Boy said...

vamos todavía

10:24 AM  

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