......así es la vida 4
Jacinto tiró la cadena y se quedó mirando como hipnotizado el remolino de agua que se escurría amarillenta hacia los caños del esgoto, y no pudo dejar de estremecerse por el paralelo que esa visión le sugirió con su vida, ¿se estaría yendo su matrimonio a los caños?. ¿Porque no se decidía a tener una charla sincera con María?. Sincera, repitió en voz alta, sin darse cuenta.
-Que dijiste- le preguntó María desde el cuarto.
-Nada, no dije nada- respondió y cerró la puerta del baño, manteniendo la mano apoyada en el picaporte, como esperando que sucediera algo que le removiera esa sensación extraña que conservaba desde su despertar. Giró lentamente y se enfrentó con la imagen que le devolvía el espejo. Cobarde, sos un cobarde, ¿hasta cuando vas a aguantar esta doble vida? se preguntó. Pero que doble vida era esa, si no había tal, únicamente la real que estaba viviendo, la de su cuerpo desnudo reflejado en el cristal y la de su mujer metida en la cama del dormitorio. Cualquier otra cosa resultaba una ilusión, una fantasía, y no cabían las hipótesis de lo que hubiera pasado si, lo que estaría viviendo si, lo que estaría disfrutando si, todas suposiciones vinculadas a si no se hubiera casado. Estaba harto y cansado de todo. No, no era cierto, no estaba ni harto ni cansado de sus tres soles, sus tres hijos que dormían unos metros más allá. Pensar en ellos le produjo el único sentimiento de bienestar de esa mañana. Estaba confundido, eso pasaba, y nada más, nada grave, como lo estarían tantos de sus conocidos. O no era así. Seguro que la mayoría de los hombres que frecuentaba, y aún aquellos que no conocía, no padecían hoy estas preocupaciones. Ya habían orinado y se estaban duchando o tomando el desayuno, leyendo el diario, ayudando a vestir a sus hijos, preparándolos para llevarlos al colegio y tal vez, porque no, pensando en la infidelidad que cometerían esa misma tarde. No sabía como proceder, no volvería a la cama como siempre, siguiendo un ritual que confirmaba, como todas las ceremonias que poco a poco se instalaban en su vida conyugal, su relación con María. ¿Y que estaría pensando ella, que nubarrones acecharían su espíritu?, pues fue más que evidente que ambos se conmovieron por lo mismo cuando se miraron hoy. ¿Porque hoy, y no ayer, o mañana, sino justamente hoy se miraron así al despertarse, que había pasado de distinto anoche para que hoy se desconocieran?.
-Que dijiste- le preguntó María desde el cuarto.
-Nada, no dije nada- respondió y cerró la puerta del baño, manteniendo la mano apoyada en el picaporte, como esperando que sucediera algo que le removiera esa sensación extraña que conservaba desde su despertar. Giró lentamente y se enfrentó con la imagen que le devolvía el espejo. Cobarde, sos un cobarde, ¿hasta cuando vas a aguantar esta doble vida? se preguntó. Pero que doble vida era esa, si no había tal, únicamente la real que estaba viviendo, la de su cuerpo desnudo reflejado en el cristal y la de su mujer metida en la cama del dormitorio. Cualquier otra cosa resultaba una ilusión, una fantasía, y no cabían las hipótesis de lo que hubiera pasado si, lo que estaría viviendo si, lo que estaría disfrutando si, todas suposiciones vinculadas a si no se hubiera casado. Estaba harto y cansado de todo. No, no era cierto, no estaba ni harto ni cansado de sus tres soles, sus tres hijos que dormían unos metros más allá. Pensar en ellos le produjo el único sentimiento de bienestar de esa mañana. Estaba confundido, eso pasaba, y nada más, nada grave, como lo estarían tantos de sus conocidos. O no era así. Seguro que la mayoría de los hombres que frecuentaba, y aún aquellos que no conocía, no padecían hoy estas preocupaciones. Ya habían orinado y se estaban duchando o tomando el desayuno, leyendo el diario, ayudando a vestir a sus hijos, preparándolos para llevarlos al colegio y tal vez, porque no, pensando en la infidelidad que cometerían esa misma tarde. No sabía como proceder, no volvería a la cama como siempre, siguiendo un ritual que confirmaba, como todas las ceremonias que poco a poco se instalaban en su vida conyugal, su relación con María. ¿Y que estaría pensando ella, que nubarrones acecharían su espíritu?, pues fue más que evidente que ambos se conmovieron por lo mismo cuando se miraron hoy. ¿Porque hoy, y no ayer, o mañana, sino justamente hoy se miraron así al despertarse, que había pasado de distinto anoche para que hoy se desconocieran?.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home