Monday, June 12, 2006

.......asi es la vida 3

Maria Julia lo miró, como lo hacía cada mañana, sabiendo bien, no intuyendo como
Jacinto, las mujeres poseen el don de saber cuando un asunto es de determinado modo, no tienen dudas, que hoy sería un día muy distinto. Esa mirada matinal lo había dicho todo. Hubiera querido estar viviendo un sueño, del cual ahora despertaría y la realidad se le presentaría como siempre. El beso leve de los buenos augurios y su acostumbrado asombro ante el milagro de todos los días, el pito parado de Jacinto. Le parecía una maravilla que indefectiblemente su marido amaneciera con el mástil erguido, y le gustaba pensar que era por ella, fruto de un sueño erótico que la tuviera como protagonista, aunque bien sabía que podía no ser así, que las participantes hubieran sido otras. No tenía nada de malo, mientras fueran solo sueños. Además no quería enterarse, ni dedicarle más de cinco segundos a ese feo pensamiento, prefería conjeturar que era por ella o por una causa física propia de todos los hombres. Y se percató enseguida de ese detalle, en realidad de la falta de ese detalle matinal, tan incorporado a su vida. Encima Jacinto siempre dormía desnudo, motivo por el cual resultaba imposible no notarlo. Inclusive era evidente que a él le producía un mal escondido orgullo ese hecho. Se sentía más macho y no pocas veces se había pavoneado y lo había exhibido como un galardón para provocarle una sonrisa. Escuchó el ruido que producía el choque de las aguas y recordó la risa que le daba verlo contorsionarse y maniobrar su instrumento para embocarle al inodoro. Hoy estaba meando con la viejita. Así le decía Maria Julia al pene cuando estaba relajado, insólitamente le recordaba a las viejitas de las iglesias. No le parecía estéticamente lindo ese adminículo colgando. Todo lo contrario a la sensación de fuerza que transmitía en su apogeo eréctil. La fascinaba que ese ser blanduzco se transformara en ese garrote duro y vibrante que le gustaba, así sí, tocar. Lo que más le agradaba era cuando la transformación acaecía en sus manos, sentir que podía hacerlo crecer, que tenía el poder de producir esa metamorfosis.

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