Wednesday, June 28, 2006

number 11 of Life as it is

Se detuvo un segundo en el cuarto de Pablo y venció la tentación de besarlo, lo que hubiera hecho en otra ocasión porque le encantaba disfrutar del despertar de esa carita y comérselo a besos, extrañaba los momentos de total plenitud que le habían regalado el amamantamiento de sus hijos, pero hoy no podía permitirse ese placer, muchos nubarrones acechaban esta jornada y debía conducirse con cautela extrema para afrontar el día. Bajó las escaleras con cuidado y atenta a cualquier sonido proveniente de la recamara de su dormitorio, y le pareció escuchar el ruido de la ducha, pero no estaba segura. La señora Marta, la cocinera, la esperaba con el termo del agua caliente y el mate cebado, pero María pensó que la yerba no sería adecuada para comenzar el día, le podría provocar nervios y descompostura, así que pidió que le preparase un té de manzanilla, con poderes tranquilizantes necesarios para continuar analizando la situación. Martincito terminó sus cereales mirando dibujitos en la televisión, pero enseguida se levantó y se dirigió al playroom contiguo a jugar con sus muñequitos favoritos. Ella normalmente lo habría interceptado en su camino para molestarlo con besos y arrumacos que lo excitarían y ocasionarían una falsa reacción de queja cuyas carcajadas luego desmentirían inmediatamente. Adoraba a sus hijos, amaba a su marido con locura y sentía profundamente que su familia era el motivo esencial de su existencia, se consideraba plenamente realizada. De ahí el terror a perderlo a Jacinto, creía firmemente que perdería su vida y le resultaba intolerable la sensación de pánico que esa posibilidad le producía. Y hoy reconocía ese incipiente malestar que poquito a poco se asomaba en su mente y se hacía sentir en su estomago y que si no controlaba ocuparía su psique, subiría y le oprimiría el pecho. Basta, pensó, mejor seguir intentando entender lo que les pasaba. El arribo de Margarita y la niñera interrumpieron por unos segundos tan nefastos pensamientos y abrazó con emoción ese cuerpito, ese proyecto de mujer que tanto había deseado, todos sus hijos habían sido deseados, inclusive Martín, que aunque había sido concebido antes del matrimonio, y fue causa del mismo, no le cabía la expresión de “embarazo no deseado”, porque ella lo había anhelado con pasión. María supo desde un comienzo que Jacinto era su hombre y el futuro padre de sus hijos, lo intuyó todo su ser, su esencia, como le gustaba ahora decir a él, con su profundidad de mujer, era su hombre salvaje. Desde ese primer momento se abocó a la tarea de despertarlo, de avivarlo, de despabilarlo de la vida inconsciente que llevaba y conducirlo a la lucidez de la vida, de su ser. Pero no fue, ni por lo visto sería, una tarea sencilla. Todo lo opuesto, hace seis años que batallaba con todas sus capacidades de mujer, de hembra salvaje, para conseguir que este hombre especial la descubriera, y se descubriera entonces, por completo. Cuando se conocieron ambos salían de noviazgos largos, especialmente ella, seis años de compartir amores y proyectos con una persona. El apenas rozaba los cuatro, los cuales, no por menos, como lo demostraría el futuro, dejarían menos cicatrices, todo lo contrario, parecería que Jacinto no podía desprenderse de su pasado, se la pasaba mirando para atrás, cual cangrejo que no solo retrocede dos pasos por cada uno que avanza, sino que lo hace de costado, nunca tiene un derrotero recto. Sin embargo, eran dos las diferencias, siempre la dualidad en todas las cosas de la vida, a la hora de analizar las características de cada historia y que incidían en su forma de acercarse al vínculo. Ella había sido quien, por decisión propia, pusiera un fin a su larga relación de pareja, mientras que a Jacinto (coninua en próxima entrega)

1 Comments:

Blogger Boy said...

y?

(desde NY)

8:30 PM  

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