continua relato Asi es la vida 6
Jacinto repasó el día anterior empezando por la noche y no encontró nada especial, ningún elemento extraño que le llamara particularmente la atención y les hubiera afectado de tal manera para que ambos confluyeran en esa extraña sensación de miedo al despertar. Habían cenado en la casa de un colega de trabajo brasileño, a quien acompañaba su novia, y dos parejas más, una francesa y otra italiana. A María siempre la ponía un poco celosa la presencia de mujeres monas, y más si jóvenes, como era el caso de la novia de Heriberto. Las otras dos eran damas finas e interesantes, y por ello atractivas. El creía que se había comportado bien, departió con todos y aprovechó para lucir su italiano y su portugués. Notó varias veces la mirada de María, inevitable, siempre estaba pendiente de él y eso lo molestaba. Formaba parte de la coreografía. Nunca dejaba de pedirle, cuando concurrían a una cena, o recepción, o lo que fuere, un evento artístico, “dame bola”, no me dejes sola. Indefectiblemente lo cargaba con esa responsabilidad, como si ella no pudiera valerse por si misma. Además era totalmente innecesario, porque generalmente era Maria quien acaparaba la atención de la gente, y la mayoría de los amigos que frecuentaron a lo largo de sus dos traslados fueron cosecha de sus encantos. Pero su mujer cultivaba esa costumbre de responsabilizarlo por todo, incluida su felicidad. Sin embargo anoche todo había transcurrido en apariencia bien, se había charlado de todo un poco, de cine, últimos libros y la infaltable incursión en la política, tanto nacional como internacional, que a Jacinto le entretenía mucho. No por nada había estudiado Ciencias Políticas con especialización en Relaciones Internacionales. Le gustaba hablar y discutir de política, pero le aburría bastante la rutina diaria de su trabajo, siempre fantaseaba con explorar alguna otra actividad, como escribir. Por supuesto que durante la conversación sobre infidelidad que mantuvo a solas con la novia de Heriberto, al coincidir en la mesa-bar y mientras batía su caipirinha, no pudo evitar pensar en lo agradable que sería llevársela a la cama, y estuvo atento a cualquier palabra o gesto que pudiera sugerirle que lo estaba seduciendo. Su sangre de cazador andaba siempre alerta a la presa. Pero no fue el caso, charlaron sobre la infidelidad con referencia únicamente a la película que sobre ese tópico se había estrenado la semana pasada, y nada más. Luego, cuando se incorporaron al grupo, este adquirió el tema y se intercambiaron opiniones sobre las razones que llevan a la infidelidad del hombre y de la mujer. Jacinto coincidió con quienes, como María y la italiana, y los hombres presentes, afirmaban que la mujer es infiel cuando siente una atracción de carácter en un hombre, no la mera sexual. Es decir, sin llegar al amor, aunque con muchas posibilidades de posteriormente caer en sus garras, la fémina por naturaleza necesita algo más que la mera satisfacción de sus instintos sexuales, algo más que tiene que ver con su instinto maternal. El italiano discrepó con esto último, dijo que tenía que ver con la culpa, inculcada por religiones y sociedades machistas, donde solo al hombre se le permite un goce sexual cuasi libre. No demoró mucho para que se llegase al caso Clínton-Lewinski, donde le resultó interesante comprobar como frente a este hecho concreto se siguiera abusando de lugares comunes para tratarlo. En líneas generales todos, salvo él, coincidían en que el ex –presidente, como representante de la mayor potencia, no podía descontrolarse de esa manera, en el escritorio más famoso del mundo. Jacinto expuso con mucha precaución su idea al respecto, sobre todo por María, porque sabía que el tema de la infidelidad no le gustaba nada y cualquier cosa que él dijera ella lo analizaría desde la pura subjetividad, es decir, si Jacinto lo justificaba a Clínton era porque podía hacer lo mismo que aquel. Jacinto siempre había admirado a Clínton y lo consideraba uno de los estadistas más importantes y preclaros de los últimos años. Cuando surgió lo de su caso con la pasante, no solo lo entendió, sino que lo admiró aún más por eso. No por el hecho en sí, sino porque este (continuará...)

3 Comments:
va bien, viejo, va mejorando a mi gusto. Como si se hubiese destrabado: está más fluído y fácil de leer y divertido
tengo más comentarios que te haré personalmente
abrazo
papaf
gracias papaf, cualquier comentario tuyo es y será bienvenido...nos hablamos
gracias désirée (con dos acentos), espero que te siga gustando a medida que avanza...saludos
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