......así es la vida 5
A María no le pasó desapercibido que cerrara la puerta cuando normalmente regresaba a la cama y, muchas veces, se acurrucaba contra su cuerpo y ella sentía, no le gustaba nada, la punta de la viejita mojada de pis. ¿Harían todos los hombres lo mismo?. Seguramente, pero ella no había tenido la suficiente experiencia para retener esos detalles. Estos eran particularidades propias de una convivencia, de un día a día prolongado en el tiempo. Solo había hecho el amor con dos personas antes de Jacinto, con quien fuera su novio durante 5 años y dos veces con un chico que conoció inmediatamente después de aquel. Con este último lo hizo porque el joven en cuestión era muy buen mozo y amoroso, justo lo que necesitaba para olvidar al otro. Pero por sobre todo, para experimentar, comparar, sí, saber si el ritual del amor, el encuentro de los cuerpos era mas o menos parecido. Efectivamente se dio cuenta que en lo básico, lo físico, fueron similares, no así en el sentimiento. Pero siempre fue placentero, le gustaba hacer el amor. Pero ya casi ni se acordaba de ellos, debía esforzarse para que la memoria le devolviera alguna imagen, y eso le daba un poco de bronca. Disgusto con ella misma, fastidio por no poder manejar ni siquiera sus recuerdos. Ahora todo era Jacinto, hace seis años y medio que no existía otro hombre ni actividad que acaparara su atención, se había obsesionado con él desde la primera vez que lo vio. Le llamó la atención el silencio, desde que cerrara la puerta no se escuchaba ningún ruido en el baño, ni el correr del agua de la ducha ni del lavatorio. Era muy raro, porque no podía estar evacuando, Jacinto era en eso un reloj, nunca antes del desayuno, siempre inmediatamente después. Le impresionaba el funcionamiento de ese cuerpo, se lo imaginaba como un mecanismo precioso y había sobradas razones para ello. Su perenne erección matinal y ese defecar instantáneo después del desayuno eran solo ejemplos. Pero a ella como escultora no se le escapaba ningún detalle de ese organismo que conocía tan bien, casi de memoria. Lo había mirado, escudriñado hasta el más mínimo e íntimo detalle, había palpado cada centímetro de su materia, era dueña de todos sus secretos y reacciones. Conocía con exactitud cada músculo, el movimiento voluntario o la mera reacción a un estímulo exterior, como la forma de entrecerrar los ojos cuando algo no le gustaba, la manera extraña en que dejaba caer el pie cuando cruzaba las piernas, como si fuera una prolongación desligada del cuerpo principal. Podía, y lo había hecho muchas veces, esculpirlo de memoria.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home