y vamos para el 10.....
Mientras se enjabonaba los testículos Jacinto no pudo dejar de volver a pensar en la ausencia de erección al despertar esa mañana. Consideró ese hecho como un factor intrínseco a su forma de ser, como la confirmación de la convivencia de su naturaleza dual. El hace rato que se había percatado de su profunda esencia dual, de la no fácil coexistencia entre su ser psiquico sexual y su ser psíquico no sexual. Le resultaría difícil explicar esto en palabras, porque como se mide con rigor, no científico, pero si con algún grado de exactitud la cantidad de tiempo en 24 horas que alguien tiene pensamientos sexuales conscientes o inconscientes. Podemos hablar de inclinaciones, motivaciones, costumbres, comportamientos, etc., en fin, muchísimos aspectos de la sexualidad personal que pueden ser investigados y analizados con criterios de objetividad. Hace poco había leído un artículo en el cual se afirmaba que el hombre piensa en sexo tantas veces por día. Le pareció un absurdo, al menos en lo que se refería a él, en cuya cabeza cohabitaban toda suerte de pensamientos sexuales con los no sexuales durante toda la jornada. Cuando no estaba concentrado en una tarea laboral específica, así como de lectura sin ningún tipo de contenido erótico, era difícil que en su psique no apareciese lo sexual. Siempre le había intrigado saber si esta era una situación común a toda la especie, tanto masculina como femenina, o tal vez más propia de los machos. Luego de haber reflexionado bastante sobre ello había llegado a la conclusión de que eran dos los elementos a tener en cuenta. Por un lado la cultura, entendida como costumbres de una sociedad, condicionaba muy profundamente el reflejo o actitud sexual de los individuos, e iba cambiando a lo largo de los años. El otro elemento era el inherente a cada persona, a cada ser, a cada individuo. Era parte de la constitución del cuerpo y alma de cada individuo. Era la esencia sexual del individuo y la que lo diferenciaba, al igual que otras características, del resto de los humanos, su adn sexual original, puro. Y era esta parte de su constitución esencial la que Jacinto creía que tenía muy desarrollada. El había notado que su mente estaba en estado de alerta sexual permanente en su vida de todos los días. Desde que se despertaba hasta que se metía en la cama, recorría su rutina diaria dejándose llevar por su ser sexual y no sexual, prevaleciendo cada uno dependiendo de la actividad que estuviese desarrollando en determinado momento del día. Al ser un tema de interés permanente para él, no pocas veces había recreado toda una jornada para intentar cuantificar las veces en que había tenido pensamientos sexuales. Por ejemplo ayer mismo, si se entregara a ese ejercicio, comprobaría que le había dedicado gran parte a pensar en sexo, sin poder ni querer evitarlo. Ya lo había aceptado. Había abierto los ojos e inmediatamente había sentido su pene erecto, lo que le había producido la primera sensación placentera sexual del día. Le gustaba tener el pito parado, le hacía sentirse bien, que todavía estaba joven, que nadie le podía robar, si quisiese, un momento de placer solitario. Automáticamente, casi siempre, pensaba si tenía ganas de hacerle al amor a María. Contadas veces lo hacían por la mañana, pero igual lo pensaba. Luego, al hacer pis, también sentía un placer con connotaciones sexuales. El desahogar, el dar rienda suelta al liquido contenido en la vejiga era también placentero y él lo disfrutaba. Se acordó de un amigo de la adolescencia que le decía que cuando tenías muchas ganas de mear, si abrochabas con dos dedos la piel suelta que recubre la glande y soltabas la orina, esta llenaba el espacio que podía alrededor de la cabeza del pito pero sin poder salir, y si aguantabas la presión lo más posible hasta que te resultaba insostenible, al abrir los dedos y soltar el liquido acumulado como el agua contra un dique, te provocaba, al decir de su amigo, un placer parangonable a un orgasmo. Esto se potenciaba enormemente si uno estaba fumado. El recordaba haberlo probado y que no le había parecido ni remotamente cercano a las delicias de un orgasmo, ya sea fruto de una paja o de sexo compartido. Después, al regresar a la cama se había acurrucado junto a María encostándole la viejita, (continuará en el próximo...)

3 Comments:
Viejo! Sigue mejorando... vas camino al nobel... todavía le quedan algunos resabios de formalidad pero ha ganado mucho en espontaneidad y eso se refelja en el contenido también.
vendrán mas comentarios personalmente
Leido en Boston mirando la lluvia caer sobre el Charles River
thank you......además ahora puedo decir que me leen también en EEUU...
y quedé medio bisco por esto de mirar la lluvia y leer al mismo tiempo
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