continuación del 13
.....lechoso que custodiaba, lo pensaba cada vez, millones de Jacintitos posibles. No quería perder por nada en el mundo ese privilegio y algo le decía que lo que aconteciese en el día de hoy sería determinante para la perpetuación de su dicha. Se quedó quieta, inmóvil en el líquido caliente, inhalando el vapor que le quemaba la garganta y disimulaba su otro dolor, el que continuaba insinuándose en su pecho. Era obvio que Jacinto estaba pasando por un proceso de crisis, aunque el lo calificaba de búsqueda, y continuamente se enfrascaba en lecturas de personajes que ella ya había leído. Pero en vez de mostrarse contenta con esta flamante novedad que podría significar el despertar de Jacinto al reconocimiento de su amor por María, como ella siempre había soñado, se exhibía recelosa de los evidentes cambios que asomaban en su marido. No obstante sus temores, decidió continuar hablándose con la verdad, sincerándose con ella misma y no rehuir al ensamble de ideas que se agolpaban en su cabeza en la quietud de su baño. Las manifestaciones externas de los cambios en Jacinto habían comenzado con la exteriorización de dejos de fastidio sin explicación, como si estuviera refrenando un malestar sin saber si debía disimularlo frente a ella o no, descubriéndolo muchas veces ausente cuando le hablaba, ensimismado en pensamientos que por supuesto no compartía con ella. En esta etapa se quedaba más tiempo en la oficina y en varias oportunidades a último momento, en vez de regresar a comer a casa, anunciaba que lo haría con amigos. Y ella no podía dejar de recriminarle esos desplantes, aun cuando en el fondo supiera que hacía mal al no concederle esos momentos propios. Sobre todo porque el fastidio de Jacinto en esas ocasiones era terrible, lo ponían muy mal. De un día para otro Jacinto resolvió retomar terapia y se convirtió en un ávido lector de libros sobre el sincrodestino, para terminar consumiendo todo lo escrito por personajes tan caros para ella, como Joseph Campbell y la autora mexicana de Mujeres que corren con los lobos, que tantas veces le había pedido que leyera. Desde entonces las cosas habían mejorado y lo notaba más contento, inclusive había retomado una asignatura pendiente, la escritura. También había reiniciado contactos con un antiguo compañero de facultad con quien pasaba horas analizando proyectos de inversión y alternativas laborales totalmente diferentes a su actual especialidad, como poner un restaurante en su barrio de origen en Argentina. Ella se convirtió en una crítica feroz de estas iniciativas y se mostró intolerante con las perspectivas de cambio que pudieran derivar de las mismas. En realidad estaba asustada, se sinceraba mientras se secaba frente al espejo, temerosa de todo el mundo nuevo que estaba construyendo Jacinto, con evidente alegría, como si finalmente hubiera descubierto un tesoro por largos años buscado y del cual ella no formaba parte. Si encontrase la lámpara de aladino y se le pudiera cumplir un deseo, este sería el de conocer los pensamientos de Jacinto, el de poder penetrar en la intimidad y profundidad de su ser y saber todo sobre él, conocer sus más oscuros secretos.

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