13 de Life as it is
María suspiró aliviada cuando de reojo vio que Jacinto ya estaba vestido y que evidentemente no subiría ni para el rito sagrado diario de cagar como Dios manda, disfrutándolo según decía él. Ese hecho por sí solo ejemplificaba la gravedad de este desencuentro inexplicable. Por ahora inexplicable razonó María, intuyendo que tal vez de ello pudiera surgir algo positivo, pero le daba terror todo lo contrario, que la mirada de Jacinto fuera el preanuncio de algo temible para ella, de algo que el quisiera decirle y no encontrara las palabras, o el coraje, lo que es peor. Pero sus ojos no le pudieron esconder la existencia del dilema en que se debatía Jacinto, y como en un fondo de ojos ella pudo ver, y ahora le tocaba descifrar, el misterio escondido en las entrañas de su amado. Y eso le producía pavor. Pero algún día tendría que enfrentarse con el monstruo escondido, hacerle frente y abatirlo. Lo que no podía era seguir con esta convivencia con los demonios de por vida, y tal vez había llegado la hora de la verdad. Otra vez tendría que reiniciar el peregrinaje de su relación con Jacinto, desde el comienzo, sin mentirse, asumiendo la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, como se les pide bajo juramento a los testigos en los juicios. Porque está claro que cuando uno dice solo parte de la verdad le impide al otro la comprensión del todo, en este caso a ella, ella misma se escondía y no se enfrentaba con toda la verdad y le reclamaba a Jacinto que asumiera de una buena vez su realidad, se entregara a su amor en vez de lamentar un pasado que no fue. Que no había sido -ella sabía- porque simplemente no debía ser. Pero si esto era así, ¿por qué su miedo a enfrentarse con su verdad?. La verdad de María, la que le pertenecía solamente a ella era que, así como Jacinto se había casado “supuestamente” sin desearlo, María había aceptado casarse sabiendo que él no estaba seguro. Esta era su gran responsabilidad y con la cual, junto con la inseguridad de Jacinto, habían construido su matrimonio. Cada uno debería asumir sus cargas y no reclamarle al otro la responsabilidad de la parte imperfecta del vínculo que los unía y adjudicarse únicamente las glorias del mismo. Ahí está, ya lo estaba enfrentando pensó María. Si, era cierto, y ahora qué, cual era el siguiente paso, que hacía con esa verdad. Llenó la bañadera y se sumergió en el agua casi hirviendo, como le gustaba a ella y no a él, quien la prefería mas tibia. Le encantaba los baños de inmersión y más cuando lograba compartirlos con Jacinto. Lo mimaba como estaba segura nadie lo había hecho en su vida, y sabía que Jacinto le decía la verdad cuando le confirmaba que era así, al igual que cuando le susurraba que los suyos eran los mejores masajes, los que realmente conseguían relajarlo. En estas ocasiones advertía su entrega, apreciaba como nunca la sinceridad con que Jacinto sucumbía y se dejaba llevar por la melodía de sus manos hasta la emoción final de la comunión sexual con que casi siempre finalizaban estos ensayos. En la tina sin embargo la devoción por su hombre se expresaba aun con mayor fervor, porque su intención era darle placer a Jacinto, y su gozo era ese, deleitarse con la voluptuosidad de su enamorado y no perderse detalle del poder de sus manos. Acercarse con y sin disimulo a su miembro y admirar entre risas de intimidad su crecimiento, observar como a medida que se concentraba en las caricias de su ya palpitante extensión, se perdía su mirada y parecía que extraviaba la conciencia. Esto era lo maravilloso, permanecer consciente mientras jugueteaba con el deseo de su macho, llevándolo al limite de la incontinencia para detenerse abruptamente y vigilar su regreso del más allá, atrapar otra vez su mirada y con una sonrisa precipitarlo nuevamente en el abismo hasta la culminación. María contemplaba y se extasiaba con cada detalle de este proceso, espiando cada reacción, cada reflejo de sus músculos ante el vaiven de sus manos sobre su pito duro y maravillarse siempre, como si fuera la primera, con la tensión que adquiría cada parte de su cuerpo al acercarse el momento final y luego el desborde del contenido

3 Comments:
Estoy atrasada. El anterior no llegué a leerlo....
cual?, estan todos numerados...lo que pasa que no das a basto con tu blog, nos tenes a todos atrapados..
no, no, no. yo leo, pero me había salteado uno. eso.
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