y vamos para el 12
Encontró el comedor diario vacío, horriblemente vacío pensó, para preguntarse enseguida el porqué de ese pensamiento tan absurdo, tan indigno de pensarse, no propio de una vida tan llena como la suya. Escuchó como María despedía a los chicos en la vereda y a continuación el ruido de sus chancletas al subir las escaleras, un ruido que hoy sonaba como más fuerte, destacándose por sobre los demás, el rumor de pasos que se alejaban. ¿Qué le pasaba hoy que todo tenía un sentido tan dramático, tan denso, donde cada acción, cada ruido, como el reciente de las pantuflas, sobresalía del contorno cuando él le dedicaba atención, o era justamente al revés, eran las propias cosas que sucedían las que lo llamaban requiriendo su atención y adquirían un significado preciso, como si hoy le estuvieran transmitiendo un mensaje especial?. En los últimos tiempos se había interesado bastante por el tema de la sincronización y el destino, por la relación de todas las cosas entre sí como parte del todo, no solo las físicas sino también las psíquicas, y desde entonces había comprendido el sentido de muchos aspectos de su vida, de cómo fue tomando determinado rumbo y no otro. Esta inquietud le surgió a Jacinto cuando en uno de sus viajes haciendo tiempo en Ezeiza le llamó la atención un libro escrito por alguien cuyo nombre le sonaba, descubriendo a continuación que el autor era actualmente un médico amigo de un amigo y con el cual alguna vez había jugado al futbol. Dicho libro trataba justamente sobre las coincidencias en la vida de uno, que no son tales, y se tiene que ir descifrando esas supuestas casualidades para que nos vayan conduciendo a través de nuestra vida, pues nos indican el camino que debemos recorrer. A partir de ese primer impulso original, que en realidad lo acercaban y le explicaban aspectos de la vida que hasta ahora no lo habían conseguido ni la religión ni la filosofía, devoró innumerables libros que lo motivaron como nunca hasta ahora, encontrándose en la mañana del día de hoy en pleno proceso de análisis de aspectos de su vida de los últimos años que de alguna manera le incomodaban. A pesar de la felicidad que le daban sus hijos y la relajación que conseguía en su casa, todavía sobrevolaba en su mente una sensación de haber comenzado su vida matrimonial con el píe izquierdo. María le transmitía a veces una paz y un sentido de armonía que pocas veces había sentido, pero existía en su interior una parte de él que se rebelaba a entregarse a esta nueva vida, que el consideraba impuesta y no libremente elegida. Mientras hojeaba los titulares del diario, hoy no estaba para ninguna lectura concentrada, continuó con sus reflexiones sobre lo que acontecía esa mañana y no se le escapó la huida de María del común aposento sin siquiera asomarse por el comedor diario, algo inusual en ella y sobre todo al estar el totalmente vestido, lo cual indicaba sin ningún tipo de dudas que hoy no volvería a subir. Porque ella no pudo dejar de verlo al tener que, indefectiblemente cuando entró a la casa luego de despedir a los niños, pasar delante de la puerta del comedor diario, a la cual él daba la espalda. Además, pensó Jacinto, lo más raro para su esposa sería que él no defecara en su casa después del desayuno, sí esa era ciertamente toda una rareza con respecto a su diaria costumbre. Jacinto no descartó la posibilidad de utilizar el baño de invitados, temiendo no aguantar hasta llegar a su oficina, pero ante la gravedad de la situación, prefirió correr el riesgo. Además el baño de visitas no tenía bidet, y el de su escritorio sí. Era evidente que ambos rehuían el encuentro, conscientes de la alevosía con que optaban por rumiar a solas la situación.

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