continua el 16 ...
y el percibió que ella los entrecerraba, en forma casi imperceptible, como si un destello de luz la hubiese molestado, pero en realidad lo que hacía era evaluarlo, calibrar si valía la pena explicarse ante un desconocido.
- De la parte más natural de uno, en las ciudades es difícil darte cuenta de que sos parte de un todo, te podés llegar a sentir muy solo-.
–Si, es cierto, lo único rescatable de las ciudades es la modernidad, los avances tecnológicos, las posibilidades de evolución del hombre, lo que pasa es que no hay que olvidarse que igual todo es parte del todo-.
–¿Como te llamás?- preguntó de repente, pero no pareció tanto una pregunta sino un deseo de intimar un poco más, una necesidad conocer más a la persona, fruto de ese breve intercambio en donde se puso de manifiesto una conexión en las ideas.
–Jacinto, ¿y vos?-.
– Guadalupe- y se rió al decirlo – pero no por la virgen, porque le gustaba a mi padre, que no era nada creyente, o al menos no lo era, o es, en la forma tradicional. Es más, ahora es casi un militante antirreligioso-.
– Ya me cayó simpático tu viejo........no tenés acento colombiano, tenés una tonada argentina pero distinta-.
–Si, lo que pasa es que viví muchos años afuera, mi padre es diplomático y ahora está en Colombia. Fui a visitarlo y decidí bajar a dedo, pero hoy cambié de planes, quiero conocer el centro y el oeste de Brasil, y después veré, hoy ese es mi plan-.
¿Cuántos años tendría? Pensó Jacinto, entre 20 y 30, aunque era muy difícil saberlo, podría tener 19 o 29, las mujeres variaban mucho. A los 14 la mayoría parece de 18, bueno, todo dependía de su desarrollo, de cuando había comenzado su pubertad. Por ejemplo, en su caso, había sido muy tarde, después de los 16 años y había padecido bastante por ello. Sobre todo frente a las chicas, que la mayoría a los 16 eran mujeres formadas y el tenía recién los primeros pelos.
– Tengo 25 años, si es lo que estas pensando, soy arqueóloga y me encanta también la sociología, pero vivo más de lo primero. Somos pocos y siempre sos útil en las tareas de campo. Además hago trampa, bueno, no es trampa, me di cuenta que era más fácil que me contratasen si caigo de improviso en un lugar donde se están llevando a cabo trabajos de campo a inscribirme en algún centro de investigación o en las universidades, esperando que algún día me llamen. Averiguo donde están y me presento con mi Currículum y casi siempre me contratan-.
– Te sentís muy libre- afirmó Jacinto, -es una suerte que a tu edad ya la tengas tan clara, y que no hayas tenido interferencias-.
Guadalupe lo miró inquisitivamente, como no entendiendo -¿interferencias? - Preguntó.
– Si, por ejemplo el amor puede ser una interferencia, aunque no debería serlo- acotó rápidamente.
– De eso no sé mucho, bueno, algo sí, pero no tanto-.
Dirigió el auto hacia el estacionamiento de un balneario y lo paró al lado del único que había en el lugar, una camioneta.
-Tomemos algo- le dijo, no “te invito” o “¿querés tomar algo?”. Guadalupe no pareció sorprendida, para nada. Bajaron y guardaron la mochila en el baul. Era un día realmente espléndido, así que Jacinto lo reabrió y colocó en el su saco y corbata y no pudo reprimir su tercer sonrisa franca del día. Ella también sonrió, dando a entender que comprendía la situación. Mientras caminaban hacia el chiringuito sobre unas tablas de madera colocadas artesanalmente, Guadalupe se quitó la camisa y se quedó en camiseta, o mejor dicho musculosa, pudiendo confirmar Jacinto lo que había intuido, la camisola era enorme y escondía un cuerpo armónico, así le pareció a él, donde se destacaban unos lindísimos pechos que su ojo experto detectó no estaban sostenidos por corpiño alguno, pues no lo necesitaban. Los pantalones también eran grandes, como el supuso, pero ya no le cabían dudas sobre la intencionalidad del tamaño, para ocultar las curvas que seguramente de otro modo no pasarían desapercibidas. Entonces, pensó, esta muchacha era muy consciente de sus bondades. Ella caminaba apenas medio paso más adelante, casi obligada por el tamaño de los listones que no permitían que dos personas caminaran a la par, produciendo el efecto de acercar hasta tocarse a quienes se hablaran, lo que sucedió cuando Guadalupe dijo

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