Númber 16
Divisó a lo lejos, al borde de la ruta, alguien que parecía estar haciendo dedo. Siempre tuvo la fantasía de que le pidiera aventón una diosa, que luego lo sedujera y terminaran haciendo el amor en algún lugar escondido de la carretera. También tenía la fantasía de que algo semejante le pasase en un avión. Que le tocara en suerte en el asiento vecino una compañera de viaje con la cual terminarían masturbándose mutuamente. Ninguna de sus fantasías eróticas se había cumplido y hoy no pintaba el día como para que la vida lo sorprenda con uno de sus milagros. O sí, pensó mientras se acercaba a lo que a la distancia parecía un bulto, pero que al aproximarse comenzó a tomar forma de mujer, la cual, efectivamente extendía el brazo y el pulgar en clara señal de querer que la lleven. Su ser desconfiado inmediatamente lo indujo a dudar de la conveniencia de levantar a una desconocida, sobre todo alguien tan joven, porque a medida que se acercaba y desaceleraba, la mujer de marras se convirtió en una muchacha con mochila a cuestas, con una cara llamativamente linda. El cuerpo era difícil descifrarlo, opacado por lo abultado de la mencionada mochila y sus colgajos, que incluían seguramente bolsa de dormir y algún ropaje, cubierto asimismo por pantalones y camisa enormes. Con certeza sería una alemanota gordita con cara linda que recorría Sudamérica a dedo y que hacía días que no se bañaba. Realmente no tenía ganas de realizar esfuerzos idiomáticos con alguna “Helga” cualquiera, que posiblemente estaría deseosa de charlar y hacerle mil preguntas sobre el país, su gente, costumbres y demás yerbas. No era definitivamente el día apropiado para ese tipo de paciencia diplomática. Sin embargo paró el auto dos metros más adelante y esperó a que ella se arrimara, dándose una última oportunidad para repensar su decisión y arrancar antes de que ella pusiera la mano en el picaporte.
-Para donde vas- preguntaron los dos al mismo tiempo, lo que les provocó que sonrieran también al unísono. Se dio cuenta instantáneamente que había sido esa su primer sonrisa del día. Ojos verdes le dijo que iba hacia la frontera, sin mayores precisiones. El le respondió –subíte- también sin mayores precisiones, porque realmente no las tenía. Había partido sin rumbo fijo, con la intención de manejar y pensar en el galimatías de su vida, intentar desentrañar lo no dicho en la mirada matinal con su mujer, dilucidar que se escondían, si es que realmente se ocultaban algo, o más bien si lo que realmente hacían era disfrazar la realidad, o vaya a saber que les estaba pasando. Pelo castaño rubio depositó la mochila y agregados en el asiento de atrás y luego se acomodó en la butaca del acompañante. El primer análisis del cazador agazapado que formaba parte de la personalidad de Jacinto le entregó un informe escueto pero positivo: no era alemana, y si lo era hablaba un perfecto castellano, no parecía ser gordita sino que usaba ropa varios talles más grandes, la camisa estaba desabrochada sobre una remera que le permitió vislumbrar, intuir, que había pechuga de calidad. Era de estatura razonable, es decir no era demasiado bajita y lo más importante, no parecía sucia.
– Gracias por parar, sos el primero que pasa-. Ante la cara de asombro de Jacinto, ella aclaró – lo que pasa es que acababa de salir de la casa donde estaba parada- .
–Ah, ya me parecía raro que yo fuera el primero, porque pasé varios autos, no muchos, pero siempre hay gente yendo a las playas o a la frontera- .
-Si, pero vos no parece que vayas a ninguno de los dos lados, más bien diría que equivocaste el camino de la oficina-.
Jacinto se rió, la segunda sonrisa del día notó, y dijo –sí, es cierto, salí de casa para ir al laburo y en vez decidí rumbear para el lado de las playas, sin puerto fijo, para pensar- se asombró por esta súbita confesión.
– Uno debería hacer cosas así mas seguido, digo, abruptamente hacer lo contrario de lo pensado, de lo programado, es como tratar de escaparse del destino, engañarlo- agregó la muchacha.
– Si, como en las películas –se entusiasmó Jacinto- cuando uno de los personajes se da cuenta que lo están persiguiendo y sigue manejando normalmente y de repente gira contramano a la izquierda, dejando a su perseguidor totalmente desconcertado-.
–O a la derecha- acoto ella- o a cualquier lado, lo importante es la sensación de libertad que se siente, definitivamente hay que enloquecer un poco de vez en cuando-.
–¿Y vos, lo de hacer dedo hoy hacia la frontera, estaba pensado o fue de repente?-.
– Un poco las dos cosas, porque en realidad vengo bajando desde Colombia, un poco a dedo, un poco en ómnibus, así que lo de hacer dedo estaba programado, pero hoy decidí que volvía a hacia el norte y de ahí hacia el oeste. Pensaba llegar a Buenos Aires pero cambié de opinión-. Luego de esperar unos segundos pensando que ella iba a explicar la causa de esa modificación y ante el evidente silencio de ella, Jacinto preguntó -¿por qué?-.
– Porque todavía no me repuse de San Pablo, las ciudades te sacan, te desconectan -. Otra pausa, otra espera en vano, me lo está haciendo a propósito o es así esta mina, pensó Jacinto.
-¿De que?-.
- ¿De que, qué?-.

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