Friday, July 21, 2006

Así es la Vida 18

Se acomodaron en una de las cuatro mesas redondas que no estaban bajo el techo de cañas, para mejor absorber los rayos del sol, que no dejaban lugar a dudas que la primavera estaba llegando a su fin. Estaba realmente caluroso para esa hora de la mañana. Ambos se ubicaron mirando hacia el mar, no del todo enfrentados y no del todo de costado, de espaldas al chiringo. Instintivamente cerraron los ojos y expusieron las caras al cielo sin pronunciar palabra alguna. Vistos por ojos extraños podrían pasar por una pareja de novios, pensó Jacinto, aunque enseguida recordó lo desigual de sus vestimentas. El con un pantalón de traje gris oscuro, camisa celeste y zapatos de vestir marrones, evidentemente no pensados para alguien que había resuelto esa mañana ir a la playa. Por su lado Guadalupe, si bien no estaba vestida tan formalmente, su atuendo tampoco encajaba con el entrono marítimo. Especialmente sus borceguíes y su gran pantalón. Al unísono giraron hacia atrás sus cabezas hacia el mostrador, notando recién que allí no había nadie, aunque no cabían dudas de que el lugar estaba abierto, pues las persianas estaban abiertas hacia arriba y sobre la mesada se observaban dos vasos, un porta servilletas y un porta pajitas. En la oscuridad interior se lograba percibir estantes con botellas. – Hola- gritó Jacinto, deseando, se dio cuenta, que no hubiese nadie, aunque la camioneta desmentía cualquier posibilidad en ese sentido. No quiso gritar nuevamente, pues temía que cualquier sonido pudiera quebrar ese momento, pues sí, reconoció, estaba disfrutando este momento, no cabían dudas. Se sentía totalmente relajado y a gusto con esta desconocida. Iba más allá de que estuviera buena. Obviamente esto era un factor importante, determinante, pero había algo más. Conexión, sintonía, onda, lo que fuese, sin duda esta muchacha le transmitía sosiego. – Allá en el mar hay alguien- señaló Guadalupe, - dos personas, creo- añadió. Efectivamente, se divisaban dos cabezas cerca de la rompiente, que a cada ola desaparecían para reaparecer a los pocos segundos. Se quedaron mirando en completo silencio el maravilloso espectáculo en donde esas dos manchas para nada distorsionaban la belleza de la naturaleza. Por el contrario, parecían el ensayo de un pintor que colocaba y borraba dos manchas sobre el mar, no convencido si convertirlos en peces o personas. Dejándose llevar por una ola llegaron a un lugar donde hacían pie, donde el agua descendió hasta descubrirles los hombros y les permitió a Jacinto y Guadalupe ver que se trataba de un hombre y una mujer, que se abrazaron y besaron y se dejaron arrastrar por la ola siguiente hasta aguas menos profundas y más cómodas para sostener el abrazo que no pensaban abandonar. Ajenos al mundo, con seguridad no habían percibido la llegada de los clientes, por demás raros a estas horas de la mañana en mitad de la semana. Jacinto se desabrochó toda la camisa y se quitó los zapatos y las medias. Guadalupe hizo lo propio con los borceguíes un momento después, la vista clavada en lo que sucedía casi 100 metros más allá, o serían menos, porque la luz del sol sobre el mar y la arena distorsionaban notablemente las distancias. (Me vuelvo a ir de viaje unos días, a la mitad fea de la Isla La Española, que para quienes saben de geografía saben donde es, asique reanudo el viernes 28)

2 Comments:

Blogger breton said...

Uy, despues me los voy a tener que imprimir porque con esto del viaje estoy muy atrasado.
Aca ando en Salta, la idea es partir hoy hacia purmamarca en jujuy porque nos espantan un poco las ciudades.
La estamos pasando mas que bien, despues les cuento con mayor detalle e imagenes.
saludos

5:37 AM  
Blogger silencio said...

se pueden imprimir? yo me voy esta noche a Haití, nos vemos a la vuelta, y como dicen los tanos "buon proseguimento"...

12:42 PM  

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