Friday, July 28, 2006

19 de Así es la vida

Lo escuchó a Pancho cerrar suavemente la puerta y lo sintió moverse alrededor suyo preparando los instrumentos musicales que casi inadvertidamente comenzaron a sonar. María no conseguía abstraerse de su desnudez. -¿Se habrá dado cuenta, cómo sería este tipo? – reflexionó. Parecía de veintitantos y tenía un aspecto medio hippesco. Le resultaba muy interesante charlar con el y discurrir y filosofar sobre la vida. Era vegetariano y había vivido mucho en la India adonde regresaba a tomar cursos y meditar junto a renombrados yoguis en cuanto juntaba algo de plata, que parecía no faltarle, porque viajaba todos los años. Siempre había sido muy respetuoso, naturalmente respetuoso, no fingido, por eso ella había logrado entregarse, relajarse. Además su actitud, también era natural al no expresar ninguna opción o intención distinta a la terapéutica. Acostumbrado como estaba a compartir un momento tan íntimo con sus clientas, seguramente ya sabría diferenciar las costumbres de cada una. Las desprejuiciadas que no tenían ninguna inhibición y hasta se desvestirían delante de él. Las un poco más recatadas que, al igual que ella hoy, se acomodaban desnudas bajo la sabana. Y luego las más púdicas, como ella hasta ayer, que se dejaban puesto el corpiño y la bombacha. Igual, Pancho nunca retiraba la sabana, siempre maniobraba de manera que sus partes íntimas estuvieran cubiertas y ella supuso que siempre trabajaba así y que el primer movimiento no convencional debía provenir de la masajeada. -¿Cómo el de ella hoy?- se preguntó, y si no estuviera el cuarto casi a oscuras seguramente su sonrojo sería perceptible. Pero tal vez él ni se daba cuenta, o sí, obviamente se daba cuenta de que una estaba en pelotas, pero eso lo dejaba indiferente. ¿Existían hombres así? O simplemente eran indiferentes si no le parecían atractivas. ¿Cómo la vería a ella este tipo?. María sabía que era atractiva, al menos para muchos hombres, de eso no tenía dudas porque nunca faltaba quien la piropeara o se le insinuase, incluidos conocidos de Jacinto. Pero ella era unos años mayor que el masajista y quien sabe no la mirara como una jovata. Se sobresaltó cuando Pancho le tocó el dedo chico del pié izquierdo y sintió como sus pezones despuntaban otra vez. Ahora si se daría cuenta.

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