-Bueno sigo. Por lenteja perdí la oportunidad de coger a los 15. El padre de Agustina se fue por laburo a vivir a otra ciudad por un año, año y medio, y ella con él, y nos despedimos sin saber cuando la vería nuevamente. Nos escribimos algunas cartas sonsas, no declarando nada de lo que sentíamos, al menos yo. Y ya desde entonces conocí el sufrimiento por amor. Porque Agustina, además de todo lo que significó y que ahora te voy a contar, significó mucho sufrimiento. El amor me hizo conocer de entrada todas sus facetas, la rosa con todas sus espinas. Ese sol que brillaba, no solo lo hacía para mí, no era yo el único que había notado sus encantos. Dio la puta casualidad que se mudó a una ciudad donde yo tengo parientes, y un primo hermano, mayor que yo, también percibió su existencia. Y maldita sea este le escribía a un hermano mío y le contaba sus amoríos, por supuesto con Agustina. Ella, obviamente no me contaba nada, nuestras cartas eran, como lo había sido nuestro breve vínculo, inocente pero con intención. Y a través de Fernando, mi primo, me fui anoticiando de cómo crecía la flor, de cómo su cuerpo de niña convirtióse en mujer, y como el se enamoró también y de cómo rascaban. Sí, rascaban, como se decía en mis tiempos juveniles. Como la ponía en bolas y ya no me acuerdo que más, salvo un detalle no del todo menor que dejo para más adelante-.
-Ah, viene con intriga, el espíritu del escritor le quiere poner emoción, me gusta. Dale, seguí-.
-Mi vida transcurría sin mayores sobresaltos hasta que un día volvió Agustina y comenzó la locura, y nunca más terminó. Con Agustina se inicia mi vida sexual total. No diría adulta, porque no lo fue, fue juvenil, con su pasión y sus incertezas. Bueno, como te decía, a los pocos días de volver Agustina me le declaré. Después de verla prácticamente todos los días e invitarla al cine, fiestas, etc., en una de esas le pregunté si quería ser mi novia, a lo cual respondió que sí. No tengo bien presente cuanto tiempo después de haber vuelto fue que hicimos por primera vez el amor, por supuesto después de feroces rascadas a todo trapo. Pero si me acuerdo bien de la primera vez. La llevé, con toda intención y alevosía, y consentimiento de la susodicha, a la obra de un departamento que se había comprado mi padre. Ahí, sobre el piso desnudo y frío nos acostamos y finalmente pude penetrarla, o casi, porque ni bien comencé a introducir mi porongo sucedió lo inevitable, la incontrolable y famosa eyaculación precoz. Muchas de mis primeras veces, me refiero con distintas mujeres, salvo con Luciana, que fue normal, no fueron del todo felices. A partir de ese día con Agustina hubo mucho sexo. Ahora escuchá esto, lo que antes no te dije. ¡Ella sostuvo que aquella había sido su primera vez “por la vagina”!. Sí, escuchaste bien –agrega el entre la risa de Lupe-, me dijo que con Fernando solo había tenido sexo anal. ¿Vos le hubieras creído?. Yo no, pero me convencí que podría ser. Ella me contó también que después de esa insulsa primera vez, cuando volvió a su casa sangró un poco. ¿Vos le hubieras creído?. Yo tampoco, pero me convencí que tal vez, podría ser. Y me sentía un tipo feliz, un tipo de 17 años que había debutado con su novia, cuando en general mis amigos de entonces lo hacían con putas. Además ¡qué novia¡. Agustina era un minón infernal. Ya a sus 16 años rajaba las paredes-.
-Ah si, ¿como era?- pregunta melosa poniéndole una vez más su mano sobre su miembro y presionándolo un poco.
-Rubia, de altura normal, ni alta ni baja, de unos ojos azules intensos, tetas especialmente lindas, culo para alquilar balcones y una conchita divina. Tan buena estaba que yo no sabía manejar las frecuentes situaciones en que le decían algo por la calle, estando yo a su lado. Me daba una furia tremenda. No quería entender que seguramente pensaban que era su hermano menor. Pero igual no me importaba, ella era mía. Al menos eso creía yo. Y hacíamos el amor y cogíamos, que no es del todo lo mismo, como vos sabés, cada vez que podíamos, en todos lados y situaciones inverosímiles. En cualquiera auto que hubieran dejado abierto en el garaje de su casa, interrumpiendo y agazapándonos cuando entraba otro. Quedándonos quietos por ejemplo en pleno 69. En casa de amigos cuando no estaban sus padres. Una cosa que me gustaba mucho era ir a visitarla justo después de comer, cuando habían salido sus padres, y ella estaba en camisón y sin bombacha. Me sentaba en un sofá del living con ella a horcajadas. Intuíamos que su hermanito tal vez nos espiaba mientras ella subía y bajaba. Me acuerdo bien de su carita de placer. Tratábamos de controlar el calendario de días no fértiles, pero a veces no daba. Y así fue que llegó el día en que no le vino y asustados fuimos a un médico, que una amiga le dio, las mujeres son más solidarias y expertas en estos menesteres, para hacer una análisis de embarazo, que por suerte dio negativo. Otra vez me quedé esperando en el hall de servicio de la casa de Agustina aguardando que todos, incluidos los padres, se fueran a dormir. Al rato Agustina me abrió y sin hacer ruido subimos a su cuarto, para llegar al cual debíamos pasar por la puerta del dormitorio de los padres, que sabíamos estaban despiertos por la luz que pasaba por debajo de la puerta. Que adrenalina, que locura, que divertido. En algún momento golpearon la puerta y la madre entró para decirle que se fuera a dormir, y yo escondido debajo de la cama. Estaba locamente enamorado y fue a la única de mis novias que le fui fiel. Ella fue la única que me fue infiel. Seguramente son más los recuerdos que tengo haciendo el amor con Agustina que con mis otras mujeres, o casi, y seguramente es porque lo hacíamos en tantos lugares distintos. Una vez en casa de una amiga de mi madre, donde yo me estaba quedando unos días, lo hicimos unas 7 u ocho veces seguidas. Parecíamos animalitos. En ese período para mí era importante la cantidad antes que la calidad-. Su choto ya esta parado pero ella no lo ha puesto en libertad, lo mantiene bajo la manta de su calzoncillo y de vez en cuando le roza la cabeza que casi asoma a través de la luz que queda entre la piel y el elástico-.
-La policía- grita ella retirando su mano abruptamente, -¿que hacemos?- interroga divertida. Los dos están en paños menores y él con el coso parado. Estan a escasos 30 metros de una patrulla parada en la banquina con dos policías de pie al lado de la misma y el sabe que los van a parar, la ley de murphy.
-Nada, no podemos hacer nada, alcanzáme la camisa-. Se la tira sobre su cintura para tapar tanta obviedad. Acogiendo las directivas se arrima al costado, delante del movil policial y esperan. Se acerca uno de cada lado y como obedeciendo a un mismo resorte se inclinan para mirar hacia adentro. El que le toca en suerte a Lupe la recorre con mirada lasciva, groseramente sus ojos suben desde la entrepierna apenas custodiada por la bombacha, se detiene en sus senos y prosigue para clavarse en la cara de la muchacha. Antes de que su voz llena de bronca superase los labios, escucha la del policía a su lado quien con sorna dice:
-muy buenos días- y también la manosea con los ojos. Nuevamente está a punto de decir algo viril, agresivo para con estos delincuentes oficiales, pero rápidamente comprende que lo que estan observando estos hombres es a una pareja medio en bolas, con la esperanza de que tal vez puedan divertirse un rato. Seguramente creen que el auto con chapa oficial ha sido robado. Para colmo su cara aniñada no es un factor positivo en esta circunstancia.
-Por favor, bajen del auto- ordena el cercano a Lupe con ojos brillosos que delatan que sus intenciones en esta ruta poco transitada van más allá del cumplimiento de las normas de tránsito. Jacinto intuye el peligro y resuelto en su ridículo atuendo exclama:
-un momento- deja pasar unos segundos con la mirada clavada en la del agente a su lado, y agrega- mi nombre es Jacinto Lahitte y soy el Representante de Naciones Unidas en este país. En un movimiento veloz gira y toma la billetera del bolsillo interior de su chaqueta extendida en el asiento trasero y busca su identificación oficial y se la entrega al milico.
-Bajen- exige cortante el otro mientras intenta abrir la puerta que se resiste únicamente porque estan los cerrojos puestos. El que tiene el documento lo lee con parsimonia, deteniéndose en cada una de las cuatro caras del documento. El celular comienza a sonar en el instante exacto que el tarado de la derecha grita.
-abajo dije-. Antes de que finalice el primer timbre Jacinto atiende y larga con voz firme, sin preguntar quien es:
-Buenas tardes embajador, como le va, si, estoy en la ruta y he sido detenido por una patrulla, la número 54, a cargo del oficial – y mira inquisitivamente a quien sorprendido mantiene en una mano la libretita abierta en la contratapa, donde dice que le deberá dispensar al portador la ayuda que requiriese, y con la otra había iniciado un movimiento que seguro pretendía atrapar el teléfono antes que su dueño. Después de un tenso silencio repite- ¿oficial..........? -.
-Gomez, ayudante Gomez- responde irritado. Pero Jacinto se da cuenta de que acaba de evitar un desenlace horrible y con renovada seguridad continua hablándole a su atónita secretaria:
-Oficial ayudante Gomez y el agente ....- y mira con desprecio hacia el uniformado de la derecha, quien le devuelve la mirada con furia y se queda callado y luego lo mira a su superior como reclamándole que se anime a terminar con la farsa. Con los ojos clavados en los de su declarado rival Jacinto le comenta al aparato – no Señor, es un control de rutina, pero le agradecería que le informe al comandante Pelloso que el Oficial Ayudante Gomez y el agente, a ver un momento, ¿agente......?- repregunta sabiendo que acaba de jugar su última carta. Pero esta vez lo mira nuevamente al falso oficial y verdadero ayudante, para hacerlo responsable como personal de más alta graduación de la falta de su compañero, y reconociéndole la jerarquía, para agradarlo un poco, de quien tiene en sus manos la manera de salir airoso de una situación complicada. Pelloso es el Jefe de la Policia de la ciudad y aunque Jacinto intuye que los zorros de la ruta no responden a esa jurisdicción, de ser verdad lo que el esta diciéndole a su secretaria, para ellos Embajador, si actuan mal podrían llegar a tener problemas.
-Reynoso Señor, suboficial Reynoso – declara entregado Gomez ante el fastidio del malandra de la ventana de enfrente.
-Agente Reynoso- lo degrada a propósito Jacinto ya seguro de su victoria y sin mirarlo al fulano en cuestión, porque reconoce lo efímero que puede ser su triunfo si prosigue humillando al candidato. Sabe que lo ha llevado al límite de tolerancia para una personalidad evidentemente agresiva y abusadora, que si hubiera podido ya se la estaría trincando a Guadalupe en los yuyos cercanos. – Si Embajador, estamos paseando con su sobrina –le guiña el ojo al tal Gomez para relajarlo y lograr cierta complicidad- y en un rato más volvemos, pero le decía que le transmitiera al Comandante Pelloso la encomiable actuación del ayudante Gomez- devolviendo a este a la realidad de su jerarquía y de las posibles consecuencias de un error. Al otro ya decidió ignorarlo por completo y acciona la perilla que levanta el vidrio de la puerta de Guadalupe. – Si Embajador, lo llamo en cinco minutos para contarle del asunto con el Ministro de Economía. Hasta luego-. Corta y acepta con una sonrisa la devolución de su documento y las excusas por los inconvenientes.