Así es la vida ...31
Era un final incomodo. Hubiera preferido que él se fuera y quedarse tumbada un rato más, sola con sus pensamientos. Pero la camilla era de Pancho y la esperaba afuera del cuarto, a plena luz del sol. Sin embargo, ante lo irremediable del hecho tal vez fuera mejor así, modificar la escena drásticamente. Que la nueva iluminación disimulara la intimidad que habían creado. Necesitaba un tiempo propio para meditar sobre esta nueva relación, si así podía calificarla. Estimaba que sí, que cuando uno se abre, se quita los envoltorios frente a otro, es la formalización de una relación. Claro, tal vez no deseada por el otro, pero en este caso, fue consentida, hasta consensuada diría. Es más, ¿no había sido él quien primero se interesó en como estaba? Además estaba el tema del orgasmo. Aunque no llegó a reconocer que había fingido dormir, hablaron abiertamente del hecho de que él la vio acabar. Después le había confesado algo que ni a su propia mujer le contara, convirtiéndola en confidente, como ella antes a él. Eran ambos dueños de un secreto del otro, estaban confabulados en la búsqueda de la verdad. Esto que tanto obsesionaba a Jacinto últimamente y que María Julia sostenía que a ella desde siempre. Pero su marido le marcaba la diferencia, afirmando que sus intrigas se dirigían más a lo abstracto, filosófico y religioso, buscando los grandes porques, los grandes sentidos, y, sobre todo, admitiendo algunas grandes conclusiones. Le decía que a él le interesaba en vez la verdad sobre los comportamientos. Pregonaba que la verdad había sido escondida, camuflada por los escribas del momento. Eso de que la historia la escriben los vencedores era cierto, existía, según Jacinto, también la verdad de los vencidos, que igual era incompleta. La verdad era el botín anhelado, perseguido, porque daba poder. El que poseía la verdad poseía el poder, el mando. Era apasionante embrollarse en esa suerte de disquisiciones y la historia constituía un aquelarre bastante ilustrativo de cómo generación tras generación se fue dando la batalla por el poder, la verdad, y en última instancia, una forma de entender a Dios. Sin embargo, Jacinto se había abocado a desentrañar el comportamiento original y el porque de los desvíos o pecados del hombre. En realidad, sostenía, la teoría de una mente o ser superior que crea todo y se reserva la capacidad de castigar y premiar le resulta muy cómoda al hombre. Porque en el fondo son pocos los que creen en el infierno. La vida ya nos había mostrado infinidad de veces, todos los días para ser más precisos, lo que podría constituir un infierno. Para muestra basta un botón: los campos de exterminio nazi. Si la gente creyera en que todos los días de su eternidad podrían parecerse a un campo de concentración, si estuviera seguro de ello, se comportaría mejor. Portarse mal sabiendo que en definitiva te perdonan y que no hay castigo resultó ser, según su marido, el mejor de los inventos. Para Jacinto todas las explicaciones están frente a nosotros y tienen que ver con reconocer cual es la verdad y la auténtica capacidad del hombre de actuar en libertad. Nuestros antepasados primarios, ¿eran realmente libres?. Por lo que sabemos de nuestra evolución, debimos combatir con otros animales y otros tipos de hombres que desaparecieron. ¿Esas primeras luchas eran para conseguir comida o para imponerse en un territorio, por ejemplo?.¿ No estaban satisfechas las necesidades básicas con respecto a los parámetros de entonces? Había tantas preguntas con explicaciones insatisfactorias, cuando no ridículas, y Jacinto se había emperrado en tratar de entender lo inexplicable. Pero para ella, que también era una apasionada de los porques, todo tenía que ver con el amor, y lo paradójico era justamente que era su amor por Jacinto él que le impedía ser objetiva. Y así pensando, luego de ponerse la bata de toalla de su marido, le abrió la puerta a Pancho para que recogiera su camilla. Cuando este hubo partido se cobijó bajo el agua caliente, demasiado caliente le gustaba, de la ducha. Reflexionó sobre su porvenir inmediato. ¿Que haría a continuación? No recordaba tener compromisos agendados, salvo la intención de trabajar un rato en el (continua....)

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