Wednesday, October 04, 2006

tarde pero seguro.....sigo con el 30 de Así es la vida

sucesivamente el centro de su existencia. Todo lo que le sucedía mientras, sus estudios, relaciones con amigos, con la familia, lo fue construyendo casi “de taquito”, como se dice en el fútbol. La mayor parte de su energía se la consumieron estas tres mujeres. Lo habían exprimido y solo ahora estaba logrando despertar. Ahora se estaba dando cuenta. Decide cambiar de tema.

-Estoy repasando mi vida, he dedicado gran parte de las horas de los últimos días a repasar mi vida desde mi más tierna infancia para poder entender lo que me pasa hoy. Al decir hoy no me refiero a hoy, hoy, sino a esta etapa de mi vida, claro, incluyendo hoy, con vos. Y pensaba que mi vida ha sido una sucesión de mujeres. Un psicólogo diría que estoy buscando a mi madre. Yo no creo, me inclino más por lo del alma gemela, la mitad de la naranja. A veces pienso que tampoco esto es así, que en realidad son sucesivas mitades que encajan por un tiempo-.

-¿Fueron muchas?- pregunta mientras deriva su mano de los tranquilos genitales al pelo de Jacinto.

-Creo que no, o al menos para mi no, por ahí para otro si. Son seis las que recuerdo bien. Tres y tres, tres grandes amores y tres relaciones significativas que se colaron entre las primeras y que representaron, así lo creo, en otra escala, aquellos tres grandes amores. Las seis encendieron alternativamente mi deseo, mi pasión. Hasta me resulta increíble que haya tenido tiempo de dedicarme a mis estudios y mi trabajo, porque he consumido horas diarias de mi vida en pensar en ellas. Lo sigo haciendo. Obviamente hubo otras circunstanciales, que sin duda han de haber cumplido una función-.

-Yo entro en esta última categoría- afirma Guadalupe.

-No, me parece que vos vas a clasificar en la segunda tanda, o tal vez seas la primera de una nueva serie, distinta, que te salís del molde. Quien sabe.-.

-Contáme algo de todas, de las seis, y de la séptima también, al final-.

-Agustina, así se llama, fue mi primer gran amor, al cual me entregué en cuerpo y alma. Pero primero fue en alma, y con la ternura de un joven de 14 años, que era los que tenía cuando la conocí. Agustina era un sol de 13, hija de un compañero de trabajo de mi padre. Era un sol rubio de ojos azules, pechitos incipientes de niña de trece años, un culito que ya se insinuaba que no pasaría inadvertido, y una picardía que la acompañaría toda la vida. Nos gustamos. Con Agustina viví esos dulces momentos que tiene el amor a los catorce años, cuando todo es miradas y cosas no dichas, porque no te animas a decirlas. Ese roce de brazos sin querer pero buscado. Todavía hoy me encanta revivir cuando camino a la playa siempre lográbamos, o casualidad, sentarnos juntos en el auto, porque siempre éramos varios y debíamos apretarnos y eso nos permitía el ansiado contacto de pieles, de los brazos y piernas obviamente. Y después en la playa subirnos a mi bote de goma y fingir peleas para poder así otra vez volver a rozar nuestras pieles. Hasta recuerdo, para que veas como soy, su poca vergüenza cuando se le escapó un poco de aureola y pezón del bikini. Pero me costó bastante declararle a Agustina mi amor. Es más, hasta me acuerdo de haber besado a otra chica en esos días y de haberlo disfrutado. Ahora comprendo que desde entonces podía sentirme enamorado y querer besar a otra chica, y disfrutarlo. Así fue toda mi vida. Y también ese no animarme, esa timidez que me inhibía de decirle a Agustina lo que sentía, pero sí animarme con la otra, que también me gustaba. Tal vez lo de Agustina tiene que ver asimismo con lo idiota que nos ponemos cuando nos enamoramos, sobre todo chicos, que va, de grandes también, que nos vuelve torpes y confunde nuestra percepción de las cosas. ¿te estoy aburriendo?-.

-No para nada-.

(el 30 continuará)

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