Friday, September 08, 2006

..sigue el 28...

finalmente acabar de espaldas, uno al lado del otro, como al comienzo. En ese preciso instante él se percata de que no usaron forro y no puede dejar de sentir cierta aprehensión, que se diluye y desaparece cuando la recorre con sus ojos, como si una mujer tan bella fuera incapaz de cobijar en su cuerpo algo feo, insano, peligroso. Pensará lo mismo ella de él. En el fondo nada sabían de cada uno, pero habían hecho el amor como si sus cuerpos se conocieran desde siempre y sus almas de otra vida. O tal vez las almas todas se entienden cuando han comprendido de que trata todo, de que existe una sintonía, una frecuencia al alcance de quienes quieren o pueden interpretar la vida. El apoya su mano sobre la de ella, porque le vino hacerlo, le quiere mostrar que, aunque parezca solo sexo, no lo fue, aunque nunca más se crucen en sus vidas. Ella le retribuye girando su mano y entrelazando sus dedos y eso le basta para saber que ella esta en el mismo dial.

-Y ahora que-dice Jacinto, mitad pregunta mitad afirmación de una duda.

-Ahora al agua- y de la mano lo conduce al mar, donde cual novios se bañan, nadan y se refrescan entre arrumacos y besos. Se rien al distinguir en el chiringo a Sandra y Antonio dedicados a sus quehaceres.

-¿Nos habrán visto?-inquiere él, pero suena más a una conjetura que a una pregunta.

-Seguramente, pero no me importa y a vos tampoco-afirma Guadalupe.

-Me divierte que nos hubieran visto, sería justo por otro lado, porque nosotros los vimos a ellos-.

-¿Pensas que se dieron cuenta que no somos pareja?- interroga ella al desandar el camino hacia la orilla, ayudados por las olas.

-Somos pareja- exclama Jacinto, - hoy somos novios- agrega contento, -¿te importa?-.

-Para nada- responde con sinceridad y añade –caminemos para secarnos un poco así no mojamos la ropa. Y se van desnudos y sonrientes por la playa, como dos niños sabiendo que están cometiendo una travesura.

-Llamáme Lupe si querés, a mi me gusta, en casa me dicen Lupita y no me gusta que me digan Guada, o Lupe o Guadalupe-.

-Me gusta Lupe, te queda bien-.

-¿Y porque estás hoy aquí?-le lanza repentinamente, con seriedad. Con seriedad de arqueóloga piensa Jacinto.

-Porque estoy confundido- replica con sinceridad.

-¿No amas a tu mujer?- interpela sin anestesia.

-Hoy no sé, o mejor dicho, sé que la quiero, pero no se si la amo, al menos no como ella pretende- o como yo quisiera agrega para el mismo. O lo que en verdad significa esto es ¿podré quererla?.

-¿Y como es eso, como crees vos que ella pretende que la quieras?- expresa Lupe con cuidada elección de palabras.

-Supongo que sin dudas, pero en realidad no es tan fácil ponerlo en palabras. Porque hay mucha mezcla de emociones en nuestra relación. Ella quiere seguridad, estar segura que la quiero, y que esto se refleje en mis actitudes y en mi forma de ser. Que tenga las mismas ganas que ella de verla, abrazarla, besarla. Y como no le doy esto, siente que hay motivos para ello, algunos por culpa de ella, entonces se desvaloriza, y otros por culpa mía, entonces me culpa-.Le divierte esta situación de andar en pelotas por la playa con Lupe, cada vez que le habla la mira, y no solo a los ojos, le encanta verla toda, y de vez en cuando le recorre con la mano la espalda para sentir la curva que anuncia la cola.

-¿Y que más?- insiste la joven.

(sigue el lunes)

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