Monday, August 28, 2006

..y sigue el 26 de Así es la vida....

.....de hotel en ocasión de otro encuentro internacional, él en calzoncillos y ella en camisón, intentando que sucumbiera ante los encantos de su pito erecto encostado contra su traste. La joven había resistido a la tentación, él nunca había pasado por algo semejante, que alguien pudiera contenerse cuando todo estaba listo. Ese hecho siempre lo había dejado pensando, y también contribuido para descubrir la capacidad de las mujeres, en general, de controlar más las situaciones, de ser, como el sostiene, menos animales que los hombres. Y ahora, hoy, tumbado en esta playa con una desconocida, repasaba estos casos en su vida. ¿Porqué? Seguramente porque todos eran recuerdos de eventos placenteros de su ya no tan corta existencia. En el fondo, conjeturó, tenía que ver con la herencia familiar. Pero no la material, sino esas cualidades, o formas de ser, o características del carácter, aficiones , hobbies, en fin, las particularidades que los padres le transmiten a uno. Las pasiones, eso pensó, aunque no tenía bien en claro cual sería la que el podría transmitir a sus hijos, estaba convencido que tanto él como sus hermanos habían recibido, entre otras, un acentuado, un desarrollado apego por el placer. Así como otros reciben de sus padres la inclinación por la música, el teatro, la astrología, el deporte, ellos heredaron la búsqueda del placer. Sus padres eran avezados en el placer. El transcurso de sus vidas estuvo signado por esa búsqueda. No creía que se los pudiera clasificar como hedonistas, no, era distinto y en este momento no lo podría explicar bien. Pero si tenía bien en claro, y era lo que importaba, que no era un legado demasiado útil para sobrevivir en este mundo complejo. ¿No tendría esto que ver con lo que hoy le sucedía con su mujer? Podía ser, merecía un mayor análisis, pero no ahora, no este momento en que quien se entrometía con nitidez en su recuerdo era Nati y lo mejor era dejarse llevar, quien sabe que mensajes debería identificar. Recordó que cuando llegaron a destino comenzaron a gustarse de a poco cada día y fue por eso muy lindo, porque fue sin apuros, como saboreando algo que iba a suceder, cuando tuviera que pasar, tal vez lo más parecido a lo de hoy. Y una noche que la invitó a comer después de la Asamblea le pidió que la acompañara a su casa, la de sus padres, que en ese momento estaba de Embajador en un país europeo. El departamento estaba situado en el barrio más exclusivo de la ciudad y tenía, debe seguir teniendo, una vista envidiable sobre el pacífico. Como era una noche increíblemente estrellada ella le sugirió que se quedasen, pidieran una pizza y un vino blanco y comieran a la luz de la luna. Como resistir, para que resistirse si el destino así lo había dispuesto esa noche, era imposible, podría provocar la ira de algún dios que los estuviera espiando. Y cuando llegó el momento justo, ni antes ni después, le dio un beso. Fue corto y tierno y recordó que ella lo había mirado como preguntándole si debían. Su segundo beso no dejó lugar a dudas y entonces ella lo tomó de la mano y lo llevó a su cuarto, no sin antes en el camino poner boca abajo la foto de su novio, con una sonrisa traviesa. Le dijo que esa noche solo dormirían, que no harían el amor. Y así fue, el desnudo y ella en camisón repitiendo así la escena de aquella otra noche. Jacinto recuerda haber pensado si no sería una costumbre de las locales de esa nación, pero se dio cuenta que no, que con Nati se estaba creando una situación diferente, estaba sintiendo algo distinto, y se durmió sin pedir nada más, dejaría que se entregue cuando ella quisiese, disfrutaría la espera. Y valió la pena. La noche siguiente corrieron hacia su departamento después de una recepción llena de gente donde recuerda bien, solo pensaba, y con que placer, en el momento que intuía llegaría esa misma noche, como efectivamente llegó. Natalia se entregó dulcemente, con mucho amor. Todo lo hacía con suavidad y disfrutó muy especialmente cuando sintió que su mano se deslizaba hacia su pito parado, al que acarició con una ternura infinita. Hicieron el amor largo rato, conteniendo lo más posible la llegada del arrebato final, porque era eso lo que Jacinto más disfrutaba, todo lo anterior, el estar ...(sigue mañana , prometo)

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