Nro 25 de la zaga..
Hasta el más distraído no dejaría de advertir algo tan evidente, de reconocer algo tan obvio. Acababa de tener un orgasmo bajo la mirada y el contacto de un extraño. Nunca le había sucedido algo así, ni jamás antes se lo hubiera permitido. Y además, sin penetración ni contacto directo con su clítoris. Salvo en sueños, reales, no como el fingido recién, que vaya a saber si Pancho lo compró, en su vida había terminado de esa forma, casi como fruto exclusivo de su imaginación, de pura excitada que estaba. Se sobresaltó una vez más cuando Pancho le tomó la mano, y se preguntó si ello no la habría delatado, si al estar dormida, como se suponía que estaba, no debía sobresaltarse, y si lo hacía, si no tendría que ir acompañado de un abrupto despertar. Optó por fingir esto último, pero con una variante: abrir y cerrar los ojos nuevamente, como si apenas se hubiera asomado a la realidad para caer nuevamente en las garras de morfeo. Debería considerar hacer algún curso de teatro pensó, teniendo en cuenta que había estado bastante convincente con su performance. Se sentía rara con lo que acababa de pasar, ni culpable ni tampoco satisfecha. Conmovida. El climax experimentado había sido agradable e intenso. Pero juzgaba que había algo de prueba en la experiencia, una necesidad de demostrarse algo, pero sin tener todavía muy claro qué. Revancha, rencor tal vez, por no sentirse retribuida ante tanta entrega de su parte. Seguramente había algo de esto, pero mezclado con otras cosas. Deseo de volver a ser osada, como le reclamaba Jacinto, con nostalgia de la época del noviazgo. Acertaba en esto su marido. Tenía razón cuando afirmaba que una vez iniciada la vida en común, ella había formalizado en demasía la relación. ¿Porqué lo había hecho? ¿Por qué dejó que sus nuevas responsabilidades como madre y ama de casa obnubilaran su capacidad de observación, de análisis, de raciocinio? No se habían hablado las cosas de entrada. Por miedo. Vivía con temor, y el miedo la atontaba y la paralizaba. Pavura a reconocer la verdad. Y lo que les estaba pasando era fruto de la falta de conversar con la verdad en la mano. Era un problema de comunicación. Porque habían evolucionado y logrado muchas cosas, fruto del amor. Pero el fantasma de las cosas no dichas rondaba la casa por todas partes y les impedía ser enteramente libres para gozar lo que tenían. Sobre todo Jacinto, que deambulaba por la vida con sus fantasmas rondándolo, integrados a su ser. Hace poco, recordó, mientras miraban la televisión, un periodista peruano comentaba que todos los amores que una persona ha tenido están siempre presentes, forman parte de uno. Una persona es también sus amores. Ella notó que Jacinto asentía al escuchar esta opinión que, por supuesto, a ella no le agradó nada. Por temor, y bronca a los amores pasados de su marido. No los toleraba, así como también le resultaba asfixiante pensar en la posibilidad de Jacinto con otra. Y el gran error era que su vida girara alrededor de esto como efectivamente sucedía. Constataba que confluían varios elementos para que su marido estuviera cansado, o aburrido. Ahí está, la dijo, la maldita palabra: aburrido. Otro de sus pánicos, que Jacinto se aburriera, con ella y finalmente, de ella. Se aburriera de su carácter posesivo y obsesivo y de su excesivo formalismo, por calificar de alguna manera su conservadorismo a partir del matrimonio. Esto ya lo había reconocido, para si misma, pero ¿sería capaz de modificarlo? Ella no se consideraba ninguna mojigata, pero tampoco era excesivamente liberal en materia de sexo. Pensaba que había tenido una evolución normal. Se había desarrollado casi completamente a los 13 años, a tal punto que le molestaban a esa edad sus tetas grandes, y la persistente mirada de los hombres mayores. En las fiestas con sus pares adolescentes apelaba a la llamada “palanca” para evitar que los jóvenes se acercaran demasiado a sus protuberancias. Y simultáneamente se despertó, como era lógico y natural, su apetito sexual. Ella fue muy consciente de ese florecer y tuvo numerosos episodios en que su curiosidad la llevó a explorar las nuevas sensaciones, como la vez que andando sola a caballo por el campo se .......(continua en prox)

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