Monday, August 07, 2006

Nro 23....

Le sonó real, tanto que Maria Julia dudó por un segundo si no estaría realmente durmiendo. Y hacerse la dormida la tranquilizó, le dio la valentía para continuar con lo que estaba haciendo, o, se autodisculpó, lo que lé estaban haciendo. Porque ella no se movía, inerte sobre la camilla, su cuerpo, al igual que su mente, hoy eran incontrolables. Se había excitado sin proponérselo y ahora yacía fingiéndose dormida y experimentando claramente que le estaba subiendo, todavía en los primeros amagos, pero explícitamente identificado sus códigos, un orgasmo. Las manos de Pancho permanecían en la zona de peligro, bajando hacia la rodilla y retrocediendo nuevamente hasta el límite, pero tan cerca que María Julia casi quería que se excediese, que se equivocase, y aunque fuese por un instante, la rozara, ahí. Todavía estaba a tiempo de “despertarse” y simular que se había olvidado algo, o darse vuelta fingiendo que Pancho se lo había pedido. Pero el tiempo se agotaba y estas eran decisiones a tomar ya. Y repentinamente la mano caliente no la siente más y un movimiento de sabanas le permite el regreso, una tregua, piensa mientras se sobresalta otra vez cuando le toman nuevamente de un dedo del pié, del otro. Emite otro sonido nasal, asombrada por sus dotes artísticas, que espera sean creíbles. Instalada la pausa tiene algunos minutos más para reflexionar. Pero ¿cuántos?. En la situación en que se encuentra, porque claramente el avance hacia el placer último ha menguado, pero no así la excitación, que no sucumbe, todo lo contrario, el tiempo en que su mente permanecerá despejada es escaso. Se me olvidó que tenía dentista, oculista, ginecólogo, terapia, y la mano que suavemente acaricia sus dedos, uno por uno, y podría sonar el teléfono, y si suena el teléfono me tengo que despertar, o la mucama me tiene que avisar, y ahora es la planta del pie la que absorbe el calor. Ya está, decide dejarlo librado al azar, si suena el teléfono interrumpe el proceso. Desea que suene, y también que no, ya se acaba el tiempo, como en los lanzamientos a la luna, comenzó el descuento, las manos que sobrepasan el tobillo y trepan hacia la rodilla, y devuelta tragar saliva, y todavía no pasó la rodilla y la pierna que se mueve, sí se movió, no cabe duda, y mejor hago otro ruidito de dormida piensa, y esto es tremendo, imposible parar, auxilio, y otra vez acomoda la sabana entre la pierna y ahora si la presión contra su vulva es un poco más intensa, ¿voluntaria?, no cree, no le importa, mueve la cabeza, le duelen los pezones, no le puede estar pasando esto, el corazón, ahora faltaba solo esto, corazón que martilla enloquecido, ¿se estará moviendo la sabana?, y llega la recta final, un cosquilleo que avanza con esa mano que ya sube, sube hasta ahí, que ganas de agarrarla y conducirla, y parece que la rozó, está casi segura, no puede parar y el ruido que se escucha ya no es de dormida, fue un gemido y las piernas se mueven, las dos, y su cuerpo se tensa, y el placer llega y la invade durante uno, dos, varios segundos, hasta que se relaja y se queda inmóvil, serena.

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