...sigue el 27..
-¿Nunca te pasó tener un día confuso, donde las cosas no encajan, donde todo parece improvisado, como si hubiéramos perdido el libreto, donde no existen posibilidades de “dejavous”. Un día de esos en que no despertar hubiera sido la mejor opción, un día sin opciones, una de esos en que cuesta llegar al final, deseas por un lado que transcurra aprisa, pero por el otro tenés temor, terror de que lo que falta sea peor. Bueno, así estoy hoy.
-Pero tuviste un buen sueño- escucha decir. ¿Habré escuchado bien? No puede ser. Ahora sí que se debe haber puesto toda colorada. Menos mal que está boca abajo. Rápido, tengo que decir algo, hoy todo tiene que ser veloz, todos me exigen velocidad.
-Si- dice y va un poco más allá- fue lo único bueno del día-. Enseguida la invade una sensación de inseguridad, no entiende adonde quiere llegar este con el blanqueo de que se dio cuenta. Pero todavía hay margen para seguir haciéndose la boluda, puede cambiar de tema, o simplemente pretender que al estar ella dormida no sabe cuan evidente fue, podría ser que solo hubiera sonreído mientras dormía. Pero por el otro lado Pancho era un tipo que le caia bien, le gustaba la onda que curtía y podría ser interesante darle un poco más de cabida. El masajista era un atrevido pensó, esa era la palabra exacta, pero si se había atrevido era para darle pie a que le contara, que se abriera si ella quería. El tipo era muy inteligente, porque si ella se hacía la desentendida estaba segura que el no avanzaría más. Luego de unos minutos de silencio, o segundos, vaya una a saber hoy como transcurre el tiempo real, seguramente más lento que su mente, se anima un poco más:
-¿te diste cuenta?, que vergüenza.-.
-Si, me di cuenta-. Listo, este era el momento culminante, el punto sin retorno, la oportunidad de cerrar las compuertas definitivamente, de cerrar el caso, o por el contrario, autorizar la intromisión, el permiso para abrir la puerta al conocimiento de una parte de ella, de su vida, de su relación con su marido. Sus próximas palabras marcarían el rumbo.
-¿De que te diste cuenta?- le pregunta, delegando en él, ahora sí , el mando para elegir el camino de la conversación. Ya está, la suerte está echada pensó, me voy a dejar llevar y seguir mi intuición.
-Que no estás bien, en cuanto entré al cuarto noté una energía distinta a las otras veces que vine, no sabría decir si buena o mala, distinta, confusa, y después en sueños te permitiste, posiblemente como una necesidad de escape, por suerte, un momento de placer-. Gracias piensa ella, por lo menos tuvo la gentileza de decir “en sueños”, lo que puede ser verdad que se lo haya tragado, como que no, pero ya no importa. Lo cierto es que también dijo que se permitió un momento de placer, no que la había visto sonreir, sino claramente le confirma que vio que tuvo placer. Además ahora se daba cuenta que le había dicho también “que vergüenza”, y esto confirmaba sin vueltas que ella admitía que el sabía. Punto, no hay vuelta sobre el asunto y Pancho se estaba comportando como un caballero.
-Quiere decir que estas preocupada por algo, pero no tan atormentada al punto de que te inhiba tener un sueño erótico y que inclusive tengas un orgasmo-. Trágame tierra piensa ella, este flaco se fue al carajo, o tal vez no, somos adultos que podemos hablar de emociones y sentimientos y decir las palabras por su nombre: orgasmo.
-O que haya sido un escapismo, huir hacia el placer frente a tanta angustia, como dicen los psicólogos, huir hacia delante cuando estas acorralado-interviene ella, consintiendo en seguir un rumbo analítico del tema y no tan carnal, al menos por el momento.
-Si, puede ser, pero yo me inclino en pensar que tiene que ver más con la capacidad de cada uno de solucionar un problema, no dejar que el mismo avance de tal forma, o se prolongue en el tiempo, que te destruya. Existe gente que se descontrola y los problemas lo llevan a la locura. En tu caso, y sin ir a extremos porque no tengo idea que te está pasando, el hecho de (..continua mañana)
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