Nro 27...
Escucha que pancho le dice algo al tiempo que la presiona suavemente en un hombro y se da cuenta que es la señal para girarse. Decide entonces culminar su actuación con un gran finale, no reaccionar, como siempre, a este sutil mandato, proseguir con su ficción de dormida, al menos para que le pueda instalar alguna duda, que Pancho pudiera pensar que tal vez realmente estaba dormida. No que había tenido un orgasmo, esto ya estaba fuera de cuestión, no había podido disimularlo, pero que al menos piense que estaba dormida cuando le sucedió.
-María Julia- escucha que le dicen al oído y ella finalmente entreabre los ojos y él le pide que se de vuelta, a lo cual ella accede mientras Pancho, como es su costumbre y con habilidad, maniobra las sabanas para que nada quede al descubierto. Sin embargo ella es consciente que le acaba de brindar a un cuasi extraño un momento de extrema intimidad, le había permitido presenciar como reaccionaba su cuerpo ante la excitación, algo que contadas personas tuvieron el privilegio, si podía denominárselo de esta manera, de contemplar. En realidad, visto desde el lado de Pancho, podría decirse que la hubiera espiado, se consuela María, aunque bien sabe que no es así. ¿Este sería el comienzo de una nueva etapa en su vida? se pregunta, o es tan solo la consecuencia de este día singular. Donde estará Jacinto en este momento, que ideas locas se le estarán cruzando. La de dejarla, estará pensando realmente abandonarla. Abandono, dejar de lado por inútil, inservible, ya no le sirve más. Se deja llevar por este rumbo de ideas y siente otra vez ese nudo en su estomago. Que raro, de una sensación de placer pasar a esta angustia. Placer, dolor, y más dolor. ¿Qué tiene que hacer para revertir esto, esta a tiempo, o el mal ya es incurable, irreversible?. No me hinches las pelotas, esto le contó el otro día Jacinto que un amigo le dijo a su mujer: “si querés envejecer conmigo no me hinches las pelotas”. Un reclamo de libertad le explicó su marido, ese era un reclamo por espacios propios, lo mismo que pretendía él, nada más. Pero su temor persistía. Para que necesitaba espacios propios, que significado tenía lo del espacio propio. ¿Un departamento propio quería decir, unas horas propias, un fin de semana propio, vacaciones propias?. O quizás fuera un proyecto propio reflexionó María. Eso, iniciar un emprendimiento propio, sin ella revoloteando. Pero ¿qué? se preguntó. Escribir por ejemplo. Le había dicho que había comenzado a escribir, pero nunca le había enseñado nada, ni una hoja el maldito. Hasta le contó el nombre de los personajes y ella pudo adivinar, al menos creyó adivinar, que escribía sobre ellos. Se moría de intriga de leer unas letras, algunas palabras. ¿Cómo la describiría, hablaría de las otras, de la otra puta de mierda?. Ya ni se daba cuenta de por donde andaban las manos de Pancho, era en su mente donde nuevamente transcurría el día, el órgano de mayor actividad de su cuerpo. No la podía “abandonar”, ni dejar. Al menos no a sus hijos. Además estaban en otro país, que sería de ella si él se mudaba. El comentario de todos. ¿Te enteraste lo de Jacinto y María Julia? El se fue de la casa, la dejó por otra.
-Te estás poniendo tensa- se animó Pancho.
-Sí, no estoy en un buen día, tengo la cabeza hecha un quilombo- se escuchó decir asombrada por esta última palabra. No era de ella utilizarla frente a alguien de poca confianza. Se ve que el orgasmo había producido un atajo para que su vocabulario se expandiese sin control. Que loca de mierda estaría pensando el masajista, la mina pasa de acabar, sin vergüenza, a decir que está tensa.
(el 27 sigue el lunes...)
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