Thursday, September 07, 2006

Number 28 of Life....

Unos segundos más y finalmente la mano que lo atrapa, que le agarra el pito con firmeza, mientras sus ojos continúan mirándolo y sonriendo. Ella acerca sus labios y se produce un encuentro más prolongado, y da comienzo la batalla de las lenguas mientras la mano sigue aprisionando el miembro, sin moverse, en el mismo lugar. Por el contrario, es el propio pene que instintivamente reacciona y ella únicamente lo presiona, sin deslizarse hacia arriba o hacia abajo, solo presión y el beso húmedo y prolongado. Jacinto permanece con las manos por detrás de la cabeza, aún inactivas, postergando su momento de intervenir. Le deja a Guadalupe que dirija la obra. Ella, aún apoyada en un brazo, dirige sus labios a cada ojo, besándolos, y a él le parece muy tierno, le gusta, todo le gusta, la combinación de sexo con la mano en su porongo y la ternura de los labios que recorren ahora su rostro, luego bajan y se dirigen a una tetilla, la otra y finalmente ella se pone en cuclillas, suelta su presa y le baja el calzoncillo, acompañando todo el recorrido hasta los pies, y deja la prenda ya seca a un costado. La luz es intensa y el la mira desde abajo, están sudados y no le importa, contribuye al clima de erotismo que ahora prima, el deseo se adueña de sus instintos, solo hay miradas lascivas, pero felices, es una sensualidad alegre, no seria, es relajada, normal. Guadalupe se sienta un instante para quitarse ella misma su bombacha y enseguida se acuesta cuan larga es sobre el, apretando la cosa caliente contra su vientre, cara contra cara y muy lentamente comienza a deslizarse hacia arriba hasta que sus pechos quedan a la altura de la boca de Jacinto que atrapa al voleo un pezón y lo aprieta entre sus labios temeroso que se le escape, lo besa y ella le regala la melliza para que la saboree, alternativamente, una y otra vez. Y desciende otra vez cuidando de no lastimar el pito, cuya cabeza ahora se descubre mientras Jacinto ya totalmente entregado atisba a pensar que están haciendo el amor, cogiendo, ambas cosas, en la playa a plena luz del día. Y le importa un carajo. Guadalupe acomoda las piernas cada una en un costado, adoptando una posición de ranita y sube nuevamente para bajar con la toda la intención de dar en el blanco y cuando el siente que tiene acceso a la puerta, cuando apenas su cabeza ha husmeado la entrada, ella se detiene y él comienza a mover su pito a lo largo de sus labios internos hasta el clítoris y levanta un poco la cola para que se introduzca más el miembro, pero ella se aparta y este juego los excita un poco más hasta que finalmente ella se permite descender hasta el fondo, de un golpe y emite un gemido, de indiscutible placer. Queda quieta y la cara otra vez a pocos centímetros, los ojos enfrentados, verdes contra verdes, y comienza a moverse lentamente al tiempo que acercan sus bocas y a veces se besan y otras tan solo se respiran, que significa quedar con sus bocas apenas tocándose en reposo, aspirándose, y el finalmente desenreda sus brazos y con sus manos recorre cada parte de su cuerpo libre, cabeza, pelo, brazos, espalda, nalgas, muslos, piernas, pies, todo mientras ella sigue un ritmo acompasado. El por momentos la detiene para evitar el apuro final y la obliga a contenerse y retira su miembro de la cuevita unos instantes, para enseguida introducirlo una vez más, y sus manos exploran todos los lugares codiciados y se detienen en aquel que para algunos es prohibido, allí donde su dedo puede casi tocar a través de la pared a su miembro hinchado, que continua incansable su tarea, y ella la suya cuando ya todo es humedad de cuerpos empapados en sudor y bocas embebidas de saliva común y finalmente se miran un segundo a los ojos antes del arrebato final que les llega juntos, como algunos creen que debe ser. Se abandonan un rato largo en esa posición, con la salvedad que Jacinto la abraza y la mantiene apretada hasta que siente que su pito se le ha achicado y ella con un movimiento delicado lo deja partir y se desliza hacia un costado, primero dejando un rato la pierna sobre su cuerpo, cubriéndole el sexo y la cabeza apoyada sobre su hombro, para (..sigue mañana)

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