Monday, September 25, 2006

sigue el 30

-La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida –el canturrea para alejar los malos pensamientos que se acumulan detrás del dique imaginario creado por este presente fastuoso. Si, fastuoso, se concede esa expresión, normalmente utilizada para otros contextos no tan combinados con lo carnal. Agrega:

-siempre esta la opción que mencionábamos más temprano, la de cambiar el rumbo imprevistamente, improvisar durante la travesía -.

-Pero no hacia el precipicio, el suicidio no es una alternativa que me atraiga particularmente- ironiza Lupe-.

-Que exagerada, pero bien gráfica por otro lado. Uno no puede abandonar la cría hasta que no pueda valerse por sí misma. Yo creo que la presencia diaria de los progenitores es importante para que crezcan sanos-.

-En un ratito me conviene partir- interrumpe ella, abonando la realidad más cercana-, antes de que se vaya la luz. Hacia adonde habrán ido Antonio y Sandra, me podría haber ido con ellos.

-Seguramente hacia el norte, hacia la frontera, donde están las playas más lindas. Si querés tratamos de alcanzarlos, no pueden estar muy lejos con esa camioneta vieja-.

-Pero vos no tenés que volver, no deberías retomar la senda? –intenta ella infundirle algo de prevención.

-No te preocupes, tengo todo el día para retomar mi vida-. Al decir esto no puede evitar que lo invada un dejo de tristeza. Encauzar sería la palabra correcta. Su vida descarriló, se salió de las vías. O lo más cercano a la verdad sería decir que no estaba yendo por el ramal correcto y el no sabía como parar el tren. Lo mejor era que descarrilase por un factor ajeno, externo, que no lo obligase a decidir. Un amigo, en la juventud veinteañera le decía que la madurez irrumpía casi sin avisar en la vida de uno cuando había que decidir. De eso se trataba la vida, de decidir cosas todo el tiempo, sin descanso, todo el día. Pero estaban las decisiones mayores, las que encauzaban (otra vez esta puta palabra) las otras decisiones, las embretaban. Es como el ajedrez, nadie se toma el trabajo de pensar en todas las jugadas, en todas las decisiones posteriores que obliga una decisión mayor. Una decisión afortunada, práctica, mayor, sería decidir ir por la vida tomando solo decisiones menores, diarias. Las que tienen que ver con el presente, si se puede evitar las que comprometan el futuro. El ejemplo es hoy. Una decisión de las grandes tomada hace seis años me impide optar por ciertas conductas hoy. Pero hay un camino para desandar, corregir las decisiones mayores. Claro, tienen un costo también mayor. Y la asistencia de un sicoanalista.

-En que pensás que estas tan callado, de repente-.

-En la puta vida- contesta el con convicción y ella larga una carcajada de tonos agradables, como lo es todo en ella. –Bueno, vamos, tratemos de alcanzarlos-. Rápidamente recogen sus petates y se dirigen hacia el auto, pero abruptamente el se detiene y la hace girar hacia el mar y le dice:

-mirá- , luego la voltea hacia el y le susurra - para que te acuerdes-.

-Bobo- devuelve cariñosa y lo besa, encostándole sus tetas desnudas contra el pecho. Alcanzado que fue el auto se visten las remeras y suben como estaban, todavía en paños menores. Habían hecho unas cuadras cuando Guadalupe le dice:

-me parece que está sonando un celular-. Jacinto presta atención y oye la inconfundible musiquita del suyo, cuyos decibles crecen hasta obligar a que se le atienda. Medita si debe contestar el llamado y opta por hacerlo, al descartar la posibilidad de que fuese su mujer. No creía que ya tuviese algo que decirle, hoy le habían escapado al dialogo. Seguramente era su secretaria para pasarle algún mensaje o avisarle que lo esperaban para una reunión (continua mañana, espero)

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