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La argentinos debimos reflexionar y aprender sobre lo que nos pasó en esos años, pero fueron muy pocos los que realmente lo hicieron. Porque, como decía en la colimba uno de los suboficiales encargados de nuestro adiestramiento, “ustedes no han sido mal educados, sus padres les enseñaron bien, lo que son es unos mal aprehendidos hijos de puta”. Y sabes una cosa, creo sinceramente que recorriendo con mirada imparcial esos años, ojeándolos como un espectador privilegiado que fui, o como un actor de reparto secundario para ponerlo en términos artísticos, esa acusación que nos hacía el milico se aplica cabalmente a los argentinos todos, o casi todos-.
-¿Por qué imparcial, vos donde estabas en esa época?- le pregunta Guadalupe.
-Bueno, tal vez imparcial no sea la palabra más feliz o adecuada, porque yo esos años los viví sin comprometerme, pero registrándolo todo, y sinceramente creo que observé e incorporé desde muchas perspectivas lo que pasaba para así algún día poder comprenderlo. No me daba cuenta de la envergadura de lo que pasaba. Entonces iba a los saltos, todos me podían convencer de algo porque era una esponja que lo absorbía todo. Era bastante frívolo, pero con motivo, aunque hoy no sea una excusa, o sí, porque en esos días, como siempre por culpa de la vida ambulante con mi padre, mis preocupaciones mayores tenían que ver con insertarme en el medio, hacerme amigos y resolver mis problemas amorosos. En general, mis amigos de la facultad eran liberales. Los nada amigos, pero tal vez los de mayor número en la UCA, eran de extrema derecha, fanáticos, religiosos e intolerantes. Luego estaba mi amigo marxista, pero solo unos pocos lo sabíamos en la facultad, corría peligro si lo divulgábamos en ese ambiente. Pero debo reconocer, que en general existía bastante frivolidad intelectual entre mis amigos de entonces, aún más que la mía, que tenía una causa, que era insertarme en el medio, tenía una preocupación inherente a mi circunstancia de vida, que no era menor, distinta a la de quienes ya sabían de su pertenecía a los códigos de este país. Yo no lo tenía tan claro, venía de vivir afuera y mi obsesión era la de insertarme, hacerme de amigos, pertenecer. Hablar sobre esto lo pone triste y cuando lo hace nota que su relato es como explicando. En eso se diferencia, cree, con la mayoría de los que analizan esos años, que lo hacen acusando, desde una vereda enemiga. Nadie cruza la calle para ver como se ve su vereda desde el otro lado, ni que decir desde el medio, como las ven los del medio, muchos desde una cómoda neutralidad, observando con mayor simpatía a uno u otro de los bandos.-¿Seguimos con este tema?- le pregunta apretándole la mano.
-Sí, por algo nos pasó esto, seguramente para que hablemos de estas cosas. ¿Vos cuantos años tenías?-.
-Me tocó parte en el colegio y parte en la facultad. Durante esos años tuvieron lugar Agustina, fin de Agustina, Luciana y el Servicio Militar. Todas estas cosas sucesivas se produjeron en el medio de mucha efervescencia y marcaron enormemente mi vida posterior. El que mis amigos fueran los liberales se debe en gran medida a mi entorno social de clase media de Barrio Norte. La afinidad, aun cuando yo era más atípico en lo formal, nos la daba la clase social. Salvo las excepciones de los que por algún motivo especial, que fueron muchas, pasaron a la lucha armada, el resto de la mayoría de la clase media de Barrio Norte y sectores sociales afines, eran liberales, católicos y antiperonistas-.
-En mi casa también eran antiperonistas- aporta la muchacha.
-Descubrí al poco tiempo de comenzar la facultad que la gran mayoría de los llamados liberarles argentinos no son más que conservadores disfrazados. Su liberalismo solo es económico, y son autoritarios y oligarcas en lo político y lo social, con un marcado desinterés en lo nacional y en la inclusión social justa y solidaria-. (continua)
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