Friday, November 17, 2006

llegamos al 34 de Así es la vida

-¿Con quien hablabas antes, no tendrías que llamar y explicarle la conversación?- le sugiere Guadalupe.

-Si, cierto, se me pasó por completo. Era la secretaria de mi Jefe que no entendía nada y no debe saber que hacer-. Toma el celular y marca, pero interrumpe la comunicación cuando Guadalupe anuncia:

-Ahí están- aludiendo a la pareja que hace un rato los había robado. Jacinto sintió fastidio, pero reconoció que la causa de este se debía más a que ya no podrían mirarse a los ojos y contarse todo, como se habían comprometido. Sobre todo por eso, porque además le daba pereza hacerse el enojado por el robo. Le jodía la nueva aparición de estos actores en escena. Estaban previstos solamente para el acto anterior, donde encajaron perfectamente bien. Pero hoy, estaba visto, era un día de accidentes, entendiendo por estos los hechos no rutinarios de un día cualquiera. ¿Pasaría siempre esto cuando uno abre una puerta distinta a la acostumbrada? La novedad, el primer accidente, desencadena otros, seguido de otros, hasta que, seguramente, uno se estabiliza en una nueva rutina, hasta que se decide a abrir otra puerta. ¿Qué conviene? se pregunta Jacinto. La rutina conocida, confortable, con amor y bienestar, o la adrenalina de la sorpresa, con riesgo y temor ante lo desconocido. Ante lo posible, el mundo en potencia de devenir en situaciones provocadas por uno. En definitiva, ser creadores más osados. Quien sabe. ¿Porque uno no puede detenerse, plantarse en el 17, porque arriesgarse al 21? Uno siendo yo, Jacinto. O será que esto les pasa a los que entienden la libertad, de lo que se trata la libertad. Solo a partir de ese instante de reconocimiento de las posibilidades, de la potencialidad de uno. Antes es acomodarse, el afortunado que cree entender, y entiende, ¿por qué no? Al fin y al cabo siempre estamos entendiendo y traduciendo realidades, estructuras. Comprender entonces se convierte en una calamidad, ¿o no?. Comprender significa seguir en el juego, tirar los dados nuevamente, otra vez, una vez más. ¿Hasta cuando?.

-¿Qué hacemos?- llega tarde la pregunta, porque a su vez ellos también los vieron, y el muy cabrón sonríe, y la muy cabrona también. Guada y él no. Continúan su marcha, se siguen acercando y le incomoda y piensa que a Guadalupe también le produce fastidio. Los segundos que demoran en acercarse, mirando esas sonrisas sin corresponderlas y sin saber que actitud tomar, sin querer tener que decidir que actitud tomar. La mira fugazmente a su compañera para ver si le pasa lo mismo, y cree, quiere creer, que sí, que padece como él, con él.

-Sorpresa- exclama Guadalupe exhibiendo, para el asombro de Jacinto, su mejor sonrisa.- Me imagino que nos invitarán a tomar algo- agrega irónica y sin más se sienta al lado del surfista. Jacinto, algo incómodo hace lo propio junto a Sandra.

-Bueno, ya está, que vamos a hacer, veamos el lado buenos de las cosas, porque al final no fue tan grave, no me parece mala gente- le hablaba con estas palabras a Jacinto, que desde el otro lado de la mesa la miraba atónito. Luego de unos segundos de expectativas con tres pares de ojos observándolo miró primero al joven, luego a Sandra, un largo rato directo a los ojos, y esos ojazos azules lo desarmaron. Le pareció que esa mujer le estaba intentando decir algo con su mirada profunda de mar y sol, y le gustó y se relajó y les dedicó una auténtica sonrisa que a los pocos segundos se transformó en risa, contagiosa, y al final todos se reían a carcajadas sin poder parar. De repente lo escucha, pero no se da cuenta que el sonido del celular es el suyo, todavía en su mano porque justo estaba por llamarla a su Secretaría. Lo mira sorprendido, como si fuese un objeto extraño, y ciertamente inoportuno. El llamado de la realidad, de la otra realidad. Todos (continua..)

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