Monday, November 20, 2006

más de 34 de Así es la vida

...han enmudecido y lo observan con atención. Expectantes, como si supieran que la conexión provenía de su otro mundo, de una realidad totalmente ajena a la de ellos tres. Y de repente se sintió invitado en esa mesa de personas libres, alguien extraño a ellos que le habían permitido por un rato incorporarse a sus vidas, a sabiendas de que era por un rato. Hasta se podría decir que se comportaban con generosidad y el dinero tomado se debería considerar como un pago. Y le dio vergüenza atender frente a ellos y sin pensarlo dos veces se incorporó y salió.

-Hola-

-¿Donde estas?- le pregunta la descascarada voz de su Jefe,- me contó Marina que estabas rarísimo hace un rato.

-Mirá, estoy en un boliche en la playa- se toma unos segundos para elegir lo que sigue- me tomé el día para pensar y me pasaron algunas cosas, pero está todo bien, no te preocupes, lo del llamado con Marina fue raro porque justo me habían parado unos canas pervertidos, pero ya pasó, mañana nos vemos-.

-Bueno, pero..-click, corta sin darle tiempo al otro de poner una basa.

Y ahora qué, piensa Jacinto mientras vuelve a la mesa, donde los otros tres se encuentran enfrascados en un mini debate de cómo proseguir el viaje.

-Sigo con ellos- anuncia Guadalupe, mientras le toma la mano y lo mira con intensidad a los ojos. El percibe que el cariño es sincero. Y comienza a extrañarla. Y no se sorprende, sabe que la va a extrañar toda la vida, y aunque debería estar triste, no lo está, y al devolverle la mirada le añade una sonrisa, y le toma su mano entre las suyas y la besa, y ambos entienden y saben que hoy vivieron un día mágico, cuyo único sentido haya sido, posiblemente, el que supieran que es lo que tendrían que buscar de ahora en más. Que era posible encontrar la complementación cuasi perfecta, la del cuerpo y del alma. Lograda esa, todo lo demás vendría de suyo. Y sin más, tomándose las manos se levantaron y volvieron al auto para que Guadalupe recogiera sus cosas. No hablaban, que decir, para que mentirse, estropear el encanto. La pareja surfista se acercó y la ayudó con su mochila, después de lo cual se abrazaron, lindo y sentido. Jacinto se subió al auto y comenzó a desandar el camino, sin mirar por el retrovisor, con gruesas lagrimas cayéndole por las mejillas. Y algo más entendió, otro mensaje le dejaba esa jornada, sabía que algún día, tarde o temprano se tendría que enfrentar con la realidad de su vida y decírselo a María Julia. Seguramente sería más tarde que temprano, porque todavía tenía que disfrutar a sus hijos, y porque no a su mujer, que tanto lo quería y tanta dedicación, como él, le daba a la construcción de la familia. Que los chicos crecieran con los cimientos firmes, con estructuras afectivas sólidas. Esa era parte de su misión en esta vida, no le cabían dudas, así que más vale que la cumpliera lo mejor posible y la disfrutara. Ya se daría cuenta cuando llegaría el momento de seguir adelante solo, seguramente su intuición le anunciaría el momento oportuno. O quien sabe, su intuición le dijera de seguir con María, su compañera de por vida. Quien sabe.

Friday, November 17, 2006

llegamos al 34 de Así es la vida

-¿Con quien hablabas antes, no tendrías que llamar y explicarle la conversación?- le sugiere Guadalupe.

-Si, cierto, se me pasó por completo. Era la secretaria de mi Jefe que no entendía nada y no debe saber que hacer-. Toma el celular y marca, pero interrumpe la comunicación cuando Guadalupe anuncia:

-Ahí están- aludiendo a la pareja que hace un rato los había robado. Jacinto sintió fastidio, pero reconoció que la causa de este se debía más a que ya no podrían mirarse a los ojos y contarse todo, como se habían comprometido. Sobre todo por eso, porque además le daba pereza hacerse el enojado por el robo. Le jodía la nueva aparición de estos actores en escena. Estaban previstos solamente para el acto anterior, donde encajaron perfectamente bien. Pero hoy, estaba visto, era un día de accidentes, entendiendo por estos los hechos no rutinarios de un día cualquiera. ¿Pasaría siempre esto cuando uno abre una puerta distinta a la acostumbrada? La novedad, el primer accidente, desencadena otros, seguido de otros, hasta que, seguramente, uno se estabiliza en una nueva rutina, hasta que se decide a abrir otra puerta. ¿Qué conviene? se pregunta Jacinto. La rutina conocida, confortable, con amor y bienestar, o la adrenalina de la sorpresa, con riesgo y temor ante lo desconocido. Ante lo posible, el mundo en potencia de devenir en situaciones provocadas por uno. En definitiva, ser creadores más osados. Quien sabe. ¿Porque uno no puede detenerse, plantarse en el 17, porque arriesgarse al 21? Uno siendo yo, Jacinto. O será que esto les pasa a los que entienden la libertad, de lo que se trata la libertad. Solo a partir de ese instante de reconocimiento de las posibilidades, de la potencialidad de uno. Antes es acomodarse, el afortunado que cree entender, y entiende, ¿por qué no? Al fin y al cabo siempre estamos entendiendo y traduciendo realidades, estructuras. Comprender entonces se convierte en una calamidad, ¿o no?. Comprender significa seguir en el juego, tirar los dados nuevamente, otra vez, una vez más. ¿Hasta cuando?.

-¿Qué hacemos?- llega tarde la pregunta, porque a su vez ellos también los vieron, y el muy cabrón sonríe, y la muy cabrona también. Guada y él no. Continúan su marcha, se siguen acercando y le incomoda y piensa que a Guadalupe también le produce fastidio. Los segundos que demoran en acercarse, mirando esas sonrisas sin corresponderlas y sin saber que actitud tomar, sin querer tener que decidir que actitud tomar. La mira fugazmente a su compañera para ver si le pasa lo mismo, y cree, quiere creer, que sí, que padece como él, con él.

-Sorpresa- exclama Guadalupe exhibiendo, para el asombro de Jacinto, su mejor sonrisa.- Me imagino que nos invitarán a tomar algo- agrega irónica y sin más se sienta al lado del surfista. Jacinto, algo incómodo hace lo propio junto a Sandra.

-Bueno, ya está, que vamos a hacer, veamos el lado buenos de las cosas, porque al final no fue tan grave, no me parece mala gente- le hablaba con estas palabras a Jacinto, que desde el otro lado de la mesa la miraba atónito. Luego de unos segundos de expectativas con tres pares de ojos observándolo miró primero al joven, luego a Sandra, un largo rato directo a los ojos, y esos ojazos azules lo desarmaron. Le pareció que esa mujer le estaba intentando decir algo con su mirada profunda de mar y sol, y le gustó y se relajó y les dedicó una auténtica sonrisa que a los pocos segundos se transformó en risa, contagiosa, y al final todos se reían a carcajadas sin poder parar. De repente lo escucha, pero no se da cuenta que el sonido del celular es el suyo, todavía en su mano porque justo estaba por llamarla a su Secretaría. Lo mira sorprendido, como si fuese un objeto extraño, y ciertamente inoportuno. El llamado de la realidad, de la otra realidad. Todos (continua..)

Wednesday, November 15, 2006

sigue el 33 despues de días de ausencia

..toalla y pensó que lo haría si el calor se hacía insoportable. Recostada cerró los ojos y aceptó de buena gana el calor pintando su piel. ¿Por qué complicarse la vida, con las cosas buenas que te ofrece la creación cada jornada? A algunos pocos, reconsideró. ¿Será realmente por causa de los comportamientos en otra vida? Pero, ¿si la cantidad de gente se multiplica cada año, no es posible que todos hayan vivido en otras vidas, como se explica eso?. Supuso que unos si y otros no, por lo cual, algunos tenían suerte de nacer en un contexto más rico que otros, por pura suerte. O será que los buenos tienen derecho a engendrar nuevas almas en ubicación preferencial de largada que los malos, que les toca nacer en la miseria y la frustración. Esta explicación no la convencía, necesitaba meditarla. Pero el calor se estaba poniendo pesado. Se acodó justo en el momento en que Pablito dejaba caer el agua de su balde sobre su barriga, muerto de la risa y en complicidad con Filomena. No tuvo que fingir un sobresalto pues el contacto del agua con su piel caliente le provocó un grito de auténtico pavor, que no hizo más que prolongar el jolgorio del infante. Acto seguido lo atrapó contra su pecho y lo lambeteó con besos húmedos que el niño intentaba en vano rechazar.

-¿Vamos al agua con mamá?- y bajo la mirada intrigada de su hijo y la niñera, con acrobacias no del todo eficaces, para el deleite de algún mirón, enrollada en la toalla cambió el short y la bombacha por la parte inferior del bikini floreado. Tomando de la mano al benjamín de la familia caminó hacia el mar y sin pensárselo mucho alzó al crío en brazos y se adentró en las aguas para enfrentar juntos las primeras olas. El placer inconmesurable que sintió al sumergirse abrazada a ese pedazo de amor, a ese fruto de sus entrañas, la hizo olvidarse por unos segundos de su drama matrimonial. Al cabo de los cuales regresó al torbellino de su alma, o de su espíritu, todavía no entendía la diferencia. Necesitaba urgente volver a la terapia. No creía poder enfrentar sola esta angustia, sus temores, el pánico de afrontar una vida sin Jacinto. Ahí está, lo pensó con todas las letras, no se sentía capaz de vivir sin su marido, sin su gran amor. Aunque su amor podría bien ser la culpa de la tormenta que amenazaba su hogar. ¿Dónde estaría su hombre en este instante?. Sintió un poco de culpa por el momento de placer que se estaba otorgando, cuando su marido seguramente estaría aburrido en su oficina. Habían sido dos los momentos de placer en esta jornada extraña, además del chapuzón en el agua con Pablito estaba el orgasmo que supo disfrutar apenas una hora antes. Pequeños placeres dentro de un drama. ¿Pero sería tan dramático como le parecía a ella?. Los tormentos del espíritu son comparables a los provenientes de la imposibilidad de satisfacer las necesidades más básicas. Pensó en Marta, la cocinera, que tenía dos hijos que quedaron a cargo de su madre en el interior del país y que con suerte podía ver dos veces al año. Dos niños de 9 y 11 años. Que horror, eso es padecimiento. Lo suyo era un juego de infantes frente a la desdicha de otra gente. Además, que pasaría si Jacinto la dejara. La angustia que le acometió en el pecho fue tan grande que por poco deja de sostener a su hijo. Lo siente como una posibilidad intolerable. Es literalmente incapaz de siquiera imaginar una realidad sin Jacinto, al punto que sabe que seguramente se dejaría llevar por la enfermedad, no solo del espíritu, sino del cuerpo. Esta angustia que le oprime el pecho esta a punto de producirle arcadas, por lo cual decide regresar a la tranquilidad de la orilla.