...han enmudecido y lo observan con atención. Expectantes, como si supieran que la conexión provenía de su otro mundo, de una realidad totalmente ajena a la de ellos tres. Y de repente se sintió invitado en esa mesa de personas libres, alguien extraño a ellos que le habían permitido por un rato incorporarse a sus vidas, a sabiendas de que era por un rato. Hasta se podría decir que se comportaban con generosidad y el dinero tomado se debería considerar como un pago. Y le dio vergüenza atender frente a ellos y sin pensarlo dos veces se incorporó y salió.
-Hola-
-¿Donde estas?- le pregunta la descascarada voz de su Jefe,- me contó Marina que estabas rarísimo hace un rato.
-Mirá, estoy en un boliche en la playa- se toma unos segundos para elegir lo que sigue- me tomé el día para pensar y me pasaron algunas cosas, pero está todo bien, no te preocupes, lo del llamado con Marina fue raro porque justo me habían parado unos canas pervertidos, pero ya pasó, mañana nos vemos-.
-Bueno, pero..-click, corta sin darle tiempo al otro de poner una basa.
Y ahora qué, piensa Jacinto mientras vuelve a la mesa, donde los otros tres se encuentran enfrascados en un mini debate de cómo proseguir el viaje.
-Sigo con ellos- anuncia Guadalupe, mientras le toma la mano y lo mira con intensidad a los ojos. El percibe que el cariño es sincero. Y comienza a extrañarla. Y no se sorprende, sabe que la va a extrañar toda la vida, y aunque debería estar triste, no lo está, y al devolverle la mirada le añade una sonrisa, y le toma su mano entre las suyas y la besa, y ambos entienden y saben que hoy vivieron un día mágico, cuyo único sentido haya sido, posiblemente, el que supieran que es lo que tendrían que buscar de ahora en más. Que era posible encontrar la complementación cuasi perfecta, la del cuerpo y del alma. Lograda esa, todo lo demás vendría de suyo. Y sin más, tomándose las manos se levantaron y volvieron al auto para que Guadalupe recogiera sus cosas. No hablaban, que decir, para que mentirse, estropear el encanto. La pareja surfista se acercó y la ayudó con su mochila, después de lo cual se abrazaron, lindo y sentido. Jacinto se subió al auto y comenzó a desandar el camino, sin mirar por el retrovisor, con gruesas lagrimas cayéndole por las mejillas. Y algo más entendió, otro mensaje le dejaba esa jornada, sabía que algún día, tarde o temprano se tendría que enfrentar con la realidad de su vida y decírselo a María Julia. Seguramente sería más tarde que temprano, porque todavía tenía que disfrutar a sus hijos, y porque no a su mujer, que tanto lo quería y tanta dedicación, como él, le daba a la construcción de la familia. Que los chicos crecieran con los cimientos firmes, con estructuras afectivas sólidas. Esa era parte de su misión en esta vida, no le cabían dudas, así que más vale que la cumpliera lo mejor posible y la disfrutara. Ya se daría cuenta cuando llegaría el momento de seguir adelante solo, seguramente su intuición le anunciaría el momento oportuno. O quien sabe, su intuición le dijera de seguir con María, su compañera de por vida. Quien sabe.